
Hoy entro en un terreno espinoso para muchos. En especial los amantes de las paellas y los que defienden de forma acérrima solo un tipo de paellas como las legítimas, únicas y universales. Pues bien, seguro que para ellos cualquier cosa que se llama paella y sirven en chiringuitos no son paellas, a no ser en los dos o tres sitios que sí lo sean.
Dicho esto, yo voy a ir de nuevo a la parte sentimental del hecho de comer paella a 5 metros de la orilla del mar. Debemos reconocer, creo, que sea una verdadera paella o no, estos “arroces” tienen una gran parte sentimental y sobre todo de ritual.
Bajar a la playa, más tarde o más temprano, poner la sombrilla, desplegar flotadores, colchonetas, sillas, cubos, palas y las miles de cosas que el veraneante medio es capaz de llevar encima. Acercarse al chiringuito y pedir la paella por raciones (de ahí que haya querido meter la paella dentro de las raciones de los chiringuitos) a la hora que te la quieres comer, y pensar desde ese momento en la paella que te vas a meter entre pecho y espalda.







