El huevo modificado genéticamente

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Huevo modificado genéticamente - 1

Tener los huevos cuadrados ahora es posible gracias a la ciencia, al menos los de las gallinas. Con el huevo modificado genéticamente ya no tendremos que utilizar un posa huevos para que no ruede por la mesa o el plato. Mucho más fácil de comer, desde luego, aunque pobre de la gallina como salga con la orientación equivocada.

Obviamente, no se trata de un huevo real, sino de un concepto del artista Dominic Wilcox para la exposición “Progetto Cibo, La forma del gusto” del MArT —Museo de arte moderno y contemporáneo de Trento y Rovereto— que se puede visitar en la ciudad italiana hasta junio de este mismo año.

Con el susodicho huevo, y otras ilustraciones, Wilcox quiere reflexionar sobre las posibilidades y temores que despierta la modificación genética de los alimentos. Irónicamente, propone peces con argollas para ser pescados más fácilmente, o guisantes cuadrados para que tampoco rueden por el plato.

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Sobre los alimentos modificados genéticamente

Mi postura frente a las modificaciones genéticas es bastante tajante. No me gustan nada. No me trago los argumentos de que se trata de variedades mejoradas y que con ellas se paliará el hambre en el mundo, sobre todo porque son semillas de un solo uso con royalties en manos de multinacionales, las mismas que distribuyen los pesticidas a los que son más resistentes —aunque algunas llevan incorporada una toxina que los protege frente a las plagas—. Un negocio redondo.

Luego está el problema de lo invasivas que son estas variedades, contaminando genéticamente plantaciones cercanas —aunque hay quien se empeña en negar la mayor— por lo que el cultivo de una de ellas condiciona los de los alrededores, lo que nos lleva al asunto de la biodiversidad, reduciendo todo nuestro abanico de variedades a unas pocas adaptadas para soportar pesticidas cada vez más agresivos.

Es cierto que desde la revolución agrícola se vienen realizando injertos y cruces de todo tipo, que son los que han dado lugar a muchas de las variedades que hoy en día disfrutamos en casa, y que nadie nunca ha levantado la voz por ello —o a lo mejor sí, pero no tanto—.

Huevos blancos 2

No es menos cierto tampoco que a veces somos nosotros los consumidores los que nos cargamos la biodiversidad. Retiramos del mercado las huevos blancos por preferir los morenos, y que levante la mano el que no comprara fresones por ser más grandes, más rojos y más tersos, y ahora a ver quien es el guapo que encuentra fresas de verdad.

A pesar de ello, creo que la modificación genética traspasa una línea que no deberíamos haber cruzado, o al menos no de la manera que se ha hecho, en manos de empresas cuyos deseos distan mucho de eliminar el problema del hambre en el mundo, sino que lo que quieren es ganar más y más dinero. No es que sean perversas per se, simplemente son empresas, y buscan el máximo beneficio.

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Soy un hombre de ciencia, y considero imprescindible apoyar los avances de ésta, no anclarnos en el pasado por miedo al cambio, porque así no evolucionamos, pero no me gusta nada que la ciencia se someta al poderoso caballero don dinero, porque entonces podemos echarnos a temblar, y más si se trata de lo que damos de comer a nuestros hijos.

Por mi parte, me preocupo mucho de que cuando compro soja o maíz, en la etiqueta especifique claramente que no proviene de alimentos modificados genéticamente, pero no puedo controlar si la gallina de mi huevo o la ternera de mi filete lo ha comido.

Imágenes | Dominic Wilcox y woodleywonderworks
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