
No es extraño que cuando seguimos una receta, el autor de la misma, nos indique que tenemos blanquear alguno de los ingredientes. Tampoco es extraño que precisamente con esta palabra nos hagamos algún que otro lío y no sepamos si hervirlo, si freírlo o si batirlo, ya que esta es una de las pocas que significa tres cosas distintas.
Este se suele hacer por varios motivos, para endurecer el producto, para eliminar un exceso de sal, para quitar rigidez, facilitar pelado o que disminuya volumen.
Algunas veces el ingrediente blanqueado es sumergido en agua fría, como se hace con las patatas antes de rehogarlas, con el arroz para eliminar almidón o facilitar una cocción posterior o con la carne y huesos salados cuando hay que someterlos a largas cocciones posteriores.
En otras ocasiones se sumergen directamente en agua hirviendo y después simplemente se escurren por ejemplo la col verde o la lechuga para después ser braseadas.
Debemos tener en cuentas que a veces el blanqueado equivale a una cocción completa, esto pasa con las espinacas, judías verdes o guisantes frescos.
Como se puede apreciar no es lo mismo blanquear, que blanquear o blanquear, igual que no es lo mismo hervir, freír que batir.
Foto | YuMaNuMa
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