El fracaso de Stavanger o cómo tropezar con la misma piedra

Pintxo 17 de julio de 2008 1 comentario

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Hace tiempo asistí a la presentación de las noches Freixenet y tuve la suerte de conocer allí a Jesús Almagro, noveno en la edición 2007 del Bocuse D´Or. En los discursos se ensalzó la cocina española y se dijo que seguro que este año quedábamos en mejor posición. Tuve la sensación de ese discurso se decía por igual todos los años y en distintos foros porque salía con una naturalidad apabullante.

Resultado del Bocuse D´Or 2008, 17 de 20 y me imagino que tras alguna reclamación consigue quedarse en el 14. No es por meter caña al perdedor que siempre resulta fácil. Pero, ¿no deberían los jurados que participan en las fases de clasificación nacionales seleccionar a otro tipo de cocineros? Y digo los jurados porque tristemente todos los años son al 90% los mismos jueces.

Algo falla. No creo que fallen los cocineros galáctico-químicos. Si están presentes en nuestra sociedad será por algo y si cobran en sus restaurantes sumas tan elevadas tendrán sus motivos. Esto está más que claro.

En mi opinión quienes fallan son los acólitos que tienen dándoles vueltas por la cabeza. En la naturaleza estaríamos hablando de parásitos que necesitan de otro para poder vivir. Aquí hablamos, con grandes dosis de hipocresía, de grandes consejeros que acompañan, alientan (no leer “se alimentan”), rellenen de vitalidad, a las grandes promesas de la cocina.

¿Acompañaran estos grandes sabios a Ángel Palacios, perdedor español, durante todo este año en giras para anunciar su gran 14 puesto en el premio? ¿Se expondrán cara al público para que podamos ver quienes son los que le han “aconsejado”?.

Señores retírense y den paso a jurados que amen nuestra cocina, aprendamos de los noruegos ganadores de este premio, o de los franceses tan orgullosos de su propia cocina. Aléjense de esfirificaciones, de cenizas, de celulosas y metil celulosas, acérquense a la cocina del sabor y del amor. Menos calculadora y más intuición es lo que hace falta en nuestra cocina.

Por terminar decir que los ganadores fueron los noruegos que jugaban en casa.

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Comentarios

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    Desde que la gastronomía española ha adquirido renombre internacional ha pasado a ser una disciplina en la que se empiezan a mover muchos intereses (empresariales, patrocinio y mecenazgo, institucional…)El hacer este tipo de alianzas no debe de ir en contra de nuestra propia cocina. Apoyar la innovación por la innovación, la sofisticación, la extrañeza, para quitarle a la gastronomía española competitividad, sustancia, identidad no nos hace ningún bien. El pretender ser alquimistas o ilusionistas culinarios (aléjense de celulosas o metil-celulosas) elimina de la gastronomía a su razón de ser, a su protagonista, al alimento. Creo que la etimología de "gastronomía" todos la conocemos.

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