Especias

En casa nos encantan los garbanzos, a casi todos, pero confieso que siempre cocino con los que venden ya hervidos, por suerte en un puesto del mercado municipal de aquí, venden unos que están buenísimos. No lo hago por pereza, es que no tengo memoria, se me olvida ponerlos a remojo la noche anterior. Aunque por esta vez, sin que sirva de precedente y para hacer estos garbanzos al limón, me acordé, ahora eso sí, a la una y media de la noche, por lo que me levante en mitad de la noche, intentando no hacer ruido ni desvelarme demasiado, fui a la cocina, agarré un bol del armario, lo llene de garbanzos secos y agua y lo dejé descansando sobre el marmol, me volví a meter en la cama y participé en esta breve conversación con mi santo esposo:

Santo esposo – ¿Qué has hecho? Yo – Preparar los garbanzos para mañana ¡duérmete! Santo esposo – ¡Tú estas loca! Yo – Mañana lo hablamos

Y lo hemos hablado, por supuesto que si, en cuanto se ha metido en la boca la primera cucharada de garbanzos.

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