Siempre me asomo a la sección de frutas exóticas de los supermercados a admirar las maravillas que ofrecen. Rara vez compro, a excepción de la fruta de la pasión, a la que no me puedo resistir, pero en mi última jornada de compra no pude dejar de meter en mi carro una bandeja de Rambután, para probar esa fruta peluda y extraña, con aspecto poco comestible, que parece más bien un pequeño erizo vergonzoso.
El rambután que hemos probado tiene como origen Tailandia. Como toda fruta exótica importada, es un producto caro: una bandeja de aproximadamente 200 gramos cuesta 5,40 euros, unos 27 euros el kilo. Está claro que no es una fruta para consumo diario, pero puede ser un buen auto-regalo cuando la economía lo permite.
El aspecto del rambután es completamente diferente a todo lo visto hasta ahora. Sus espinas pilosas parecen amenazantes, pero se quedan en nada una vez en la mano, ya que son suaves y no pinchan. Al contacto con el cuchillo, la corteza ofrece una cierta resistencia que es vencida pronto. Cortamos la fruta por la mitad, a lo largo, y separamos la corteza para acceder a la parte comestible.
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