Cata de cerveza Kronenbourg 1664, aromático elixir galo

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Cata cerveza Kronenbourg 1664 - botellín

El otro día, para celebrar la victoria española sobre los franceses —en la Eurocopa de fútbol, se entiende— decidí tomarme una Kronenbourg 1664, la cerveza por excelencia de los galos. No es que sea ninguna maravilla, pero me pareció el momento adecuado.

La cerveza Kronenbourg es una cerveza marcadamente francesa, no sólo por su origen en Estrasburgo allá por el año que acompaña a su nombre, sino por sus características peculiares, tan alejadas de las cervezas españolas, británcias y alemanas, aunque con algún parecido a las italianas.

Historia de la cerveza Kronenbourg 1664

Cata cerveza Kronenbourg 1664 - chapa

Como he adelantado, el origen de esta empresa cervecera data de 1664, año en el que Jérome Hatt obtuvo su diploma de cervecero y decidió fundar la compañía para sacarle partido. Se instaló en el distrito de Cronenbourgde, en la ciudad de Estrasburgo, siendo precisamente el nombre del distrito el escogido —previo truco ortográfico— para la cerveza que ahora tenemos entre manos.

Obviamente, la Kronenbourg 1664 no se creó en ese año, sino que comenzó a comercializarse en 1952 para conmemorar la coronación de la reina Isabel II, de cuyo reinado se cumplen ahora 50 años. El nombre viene de un poco antes, cuando en el año 1947 se decidió llamar así, sin el número, a su cerveza más famosa, la Trigre Bock. En 1952, pues, solo se añadió el 1664.

Diseño y apariencia

Cata cerveza Kronenbourg 1664 - diseño

Hace pocos meses que la empresa que comercializa esta cerveza en nuestro país decidió actualizar el diseño del botellín, adaptándolo al que ya disfrutaban en el resto de Europa. Es un diseño sin etiqueta principal, trasladándose ésta al cuello, mientras que en el cuerpo lleva los números 1664 en relieve.

El botellín es de vidrio verde, muy bonito, coronado por una chapa blanca con un escudo heráldico ribeteado en oro. Este en concreto es de 25cl. aunque lo habitual es que sean de 33cl.

Una vez vertida en la copa, la cerveza Kronenbourg 1664 presenta un color ámbar pálido tirando a dorado, muy cristalino, alejado del color pardo que suelen presentar las cervezas de nuestro país. La espuma es abundante y bastante persistente, resistiendo una fina capa de ella durante todo el rato.

Cata de cerveza Kronenbourg 1664

Cata de cerveza Kronenbourg 1664

Lo que más llama la atención al acercarse la cerveza a la nariz son los lúpulos aromáticos, que borbotean juguetones en nuestras fosas nasales. El carbónico, fino y abundante, tambien ayuda a esta sensación de frescor y aromas agradables.

Una vez en la boca presenta un sabor suave, con muy poco amargor, pero bastante rico en matices frutales. Le falta un poco de cuerpo y tal vez le sobre un poco de carbónico, pero es un trago muy agradable y, sobre todo, realmente refrescante.

Tampoco hay que olvidar que se trata de una cerveza industrial, que se distribuye en todo el mundo, pero ejemplifica muy bien el tipo de cerveza habitual en Francia. Suave, fresca y aromática, con sabores más matizados y menos toscos que las cervezas patrias. Para un aperitivo veraniego, es perfecta.

Ahora a ver si para mañana puedo probar una cerveza portuguesa, y para final de semana, una alemana o italiana. Aunque me temo que si se da el caso, probaré más de una.

Cerveza Kronenbourg 1664

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