La masculinidad de la carne bien hecha

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Carne a la barbacoa

Con el verano casi encima estamos en pleno apogeo de las barbacoas. Seguro que casi todo el mundo visualiza una imagen muy típica al oír hablar de ellas: la de un hombre al frente de los fuegos encargado de preparar las piezas de carne armado con las herramientas típicas. Es un estereotipo que seguramente viene reforzado, como tantas otras cosas, de Estados Unidos. Del país americano nos llega también un estudio que relaciona la carne con la masculinidad.

El profesor de psicología de la Universidad de Pennsylvania, Paul Rozin, ha desarrollado en colaboración con su equipo de investigación unas pruebas para evaluar la asociación mental que una serie de sujetos experimentan al relacionar comida y género. El objetivo del que se partía era averiguar si se podían establecer unos patrones generales de conducta asociativa entre la población, algo que ya se sospechaba desde la comunidad científica.

De este modo, los sujetos sometidos a pruebas psicológicas como la asociación de palabras, han permitido situar variedades de alimentos en un espectro que opone lo masculino con lo femenino. En el extremo máximo de la masculinidad se encuentran la ternera cruda, el filete de carne, la hamburguesa, el venado, el conejo, el pollo asado, el huevo duro y los huevos revueltos. En el lado contrario, como máximos representantes de lo femenino están la leche, el pescado, el sushi, el chocolate, la ensalada de pollo y los melocotones.

Barbacoa

El estudio ha mostrado otros resultados curiosos. Al parecer, no sólo asociamos determinados productos con un género concreto, sino que también influye el nombre del plato o el método de cocinado. Por ejemplo, una comida se considera más femenina cuanto más cocinada o procesada esté, excepto en el caso de las piezas de carne, que cuanto más hechas están, más masculinidad desprenden.

Aunque las conclusiones de este proyecto no creo que cojan a nadie por sorpresa, es interesante que estas cuestiones se sometan a estudios científicos. Se demuestra así que estamos condicionados psicológicamente a relacionar ideas y conceptos con cuestiones de género, y eso nos permite ser conscientes de cómo los medios de comunicación y la publicidad pueden manipularnos a la hora de consumir. Desde luego, los publicistas ya intuían estos resultados cuando insisten en usar modelos masculinos para vendernos productos de barbacoa, creando incluso supuestas marcas de grill en alimentos procesados que no los tienen.

Vía | Smithsonian
Imágenes | Petr K, Oddjob
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