
El tema de las reservas en los restaurantes siempre me ha hecho reflexionar. Hasta para reservar una pieza en un servicio técnico te piden una señal, no sea que cambies de opinión y les dejes empantanados con un fleje que nadie necesita, y cuyo coste, muchas veces ínfimo, tendrán que cubrir ellos.
Pero si analizamos el funcionamiento de las reservas de los restaurantes, vemos cómo con tan solo un telefonazo o un correo electrónico podemos reservar mesa, ya no para dos, sino para diez, veinte o cuarenta personas. Y ante este hecho no nos sentimos vinculados más allá de nuestras necesidades más inmediatas, que pueden variar por una lluvia imprevista, un atasco o simple pereza.
En los restaurantes son complacientes y nos piden a cambio (no en todos), un número telefónico de contacto al que llamar si la cita se dilata. Poca cosa como fianza, ya que con no contestar o dar mil excusas, el comensal descuidado soluciona de un plumazo el problema. Y no es de recibo que la caja de un local se vea afectada por la informalidad de algunos que toman el tema a la ligera.
Desde las páginas de ADN hemos tenido conocimiento de que en algunos restaurantes madrileños se empieza a cobrar una fianza a la hora de hacer una reserva, un tema que puede provocar debate, pero que bien mirado es comprensible, sobre todo en ciertos establecimientos que ofrecen menús de degustación muy elaborados, que requieren una esmerada compra y preparación previa.
Hace ya unos años, esta práctica se empezó a instaurar en algunos restaurantes de Barcelona, y en la actualidad es la capital la que al parecer empieza a seguir tímidamente sus pasos.
Vía | ADN
En Directo al Paladar | Open Table, para reservar mesa en Internet
En Directo al Paladar | Reservar restaurante con El Tenedor para iPhone
Comentarios
me parece comprensible,ahora dependera de quien quiera pagar por una reserva y quien no.aunque este problema se solucionaria(como muchos otros)con la educacion y el civismo de la gente.solo decir que en toda mi vida nunca he fallado una reserva,como mucho llegar 30 minutos tarde por el trafico.
Perfecto,me parece perfecto.
Más de una vez en un restaurante familiar que tenemos en el pueblo nos ha pasado esto, por ejemplo un grupo de amigos que cada uno reserva una o dos mesas en los restaurantes del pueblo y cuando ponen en común a donde ir, van a ese restaurante.
Tu tienes un negocio y velas por mantenerlo y no quedarte tirado muchas veces con mesas,que si es una o dos puedes aceptarlo,pero que te reserven para más gente y no aparezcan sienta muy mal. Desde ese día damos un margen de 20 minutos a que la gente haya aparecido,sino,llamamos al número que ha reservado y si no dan señales de vida, se da la mesa a otra persona.
Además no es cuestión de pagar reservas,es simplemente una fianza que se devuelve cuando han aparecido los comensales.
Sin ningún lugar a dudas, deberia de ser la norma.
Nos regimos por usos y costumbres y lo que aceptamos a unos negamos a otros. No nos extrañamos de ver en unos comercios el cartel de (se aparta género) -o lo que es lo mismo, pague al ritmo que acordemos, pero de aqui no sale nada hasta que la factura esté totalmente saldada-
Y si lo vemos en comercios donde compran y venden con margen comercial. No es de recibo que con mayor razón asi lo hagan todos los establecimientos de restauración, donde deben de elaborar la totalidad del producto para tenerlo a plena satisfacción en unas franjas horarias muy ajustadas ?
Pero no lo veo viable, la fianza obliga al cliente a personarse, con lo cual se acaba la comodidad de llamar por teléfono y hacer una reserva. A lo sumo, lo comprendería si hablamos de una reserva de 20 personas o más, pero tener que bajar al restaurante o dar tu número de tarjeta para pedir reserva para dos o cuatro personas, como que no.
Que entiendo bien el mensaje y entiendo bien que el hostelero se arriesga demasiado. Pero en estos casos lo que sí que no es de recibo es que exista gente irresponsable capaz de fallar a una reserva así, más si hablamos de muchos comensales. No soy hostelera, ¿pero tantas veces se da la situación como para que ahora no nos debamos fiar de nadie?
Puede que suene pueril, pero cuando voy a un restaurante, también me arriesgo a que el trato sea desagradable, o el plato no sea de mi gusto o incluso esté mal cocinado (y he de pagar igual). Si tenemos que ir pidiendo fianzas porque no nos fiamos ni de nuestra sombra, aun convertiríamos esta sociedad en algo mucho peor.
Cambiar los habitos siempre genera polémica.
Como ya dije, lo que aceptamos en unos se lo negamos a los otros, y suele ocurrir que a quién menos pierde más beneficios le otorgamos. Y me repito, al comerciante, que con perdón, no incorpora valor añadido, le aceptamos ir pagando para que nos retire género que nos llevaremos una vez satisfecho el total importe.
Al restaurador, que si debe manipular la materia prima hasta convertirla en su producto, por el que pagamos, no le queremos dar esta confianza.
Y lo voy a ilustrar con dos anécdotas con las que no quise alargarme en mi primer comentario, pero que ahora vienen al dedillo.
Coincidí en las dependencias de un cliente que habia un picoteo celebrando un aniversario. Entre risas y jolgório uno de los empleados, un hombre que rondaba los 40 años, habiendose separado, se hizo habitual de los chats y según intuí, iba contando sus aventuritas. sintetizando, al ser preguntado por si la mujer de la cita no respondia a sus espectativas, respondió, fàcil, yo hago varias reservas, y una vez roto el hielo, decido si vamos al restaurant de tal o cual categoria.
En otro post comenté que soy asesor fiscal y que en lo que va de año he cerrado 3 bares de comidas de zonas semiindustriales.
Uno de ellos además está relativamente cerca de un colegio. Lo suficientemente alejado para que sea el lugar de encuentro del profesorado y a la vez que estos se sientas libres de las miradas de todos los papás y mamás.
Corria el mes de noviembre, animadas por la conversación un grupo de maestras se animaron a quedar para una cena sin más, y el bar donde estaban cumplia perfectamente para tal fin.
Pocas horas antes, la pringada de la pandilla, tuvo la decéncia de llamar al bar excusandose. Una por otra puso una excusa por no ir a la cena.
Lo peor, el lunes siguiente, la propietaria del bar les recriminó su actitud, aludiendo a los perjuicios en los estocks. Varias de las maestras dejaron de ser habituales.
Y como coletilla final a tu comentario y solamente por poner uno de muchos ejemplos, cuando compras un libro, pagas, sin garantia de satisfacción.
Me parece un tema interesante y con el que estoy de acuerdo aunque, si tuviéramos un poco más de educación en este país, no habría necesidad de llevarlo a cabo.
Adoro España (eso que vaya por delante) pero a veces siento una pena tremenda por la falta de civismo generalizada que nos caracteriza. Una lástima...
Tampoco me extraña que se haya tenido que llegar a cobrar por anticipado, a fin de cuentas lo hacemos cuando reservamos la habitación de un hotel. La gente no tiene educación y lo mismo dura una llamada de reserva que para anularla, pero creo que este tema se puede ampliar en más cosas, un ejemplo voy a cursos de cocina, hay que tienen mucho éxito, se llena la lista en dos días, hay gente que no llega a tiempo, el día del curso no se presentan 4 que habían apuntadas, las que estaban en lista de espera se estiran los pelos, conclusión te interesa el curso...paga primero!!!! Al final es el cliente quien te obliga a cubrirte las espaladas:))
Esta es una consecuencia de la falta de civismo general de nuestro pais. Yo tampoco he fallado jamás a una reserva, y se me caería la cara de verguenza si pasara. Pero a la gente le da igual; por lo mismo tenemos las calles como las tenemos, cuando en Francia no ves un papel en el suelo, la gente se pone a hablar a grito pelado a las 3 de la mañana, se saca la basura a mediodía en pleno verano, se deja a los niños sueltos en las piscinas, el fontanero te dice que viene el martes y aparece el jueves, y tantos y tantos comportamientos que conforman esa imagen (merecida) de España que tenemos en el exterior.
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