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¿Deberíamos comer vegetales?

¿Deberíamos comer vegetales?
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El trigo fue uno de los vegetales que primero se cultivaron

Planteado así la pregunta puede sonar algo extraña, pero ¿te la has planteado alguna vez? Está tan asumido y extendido que comer vegetales es algo natural y por supuesto, sano, que plantearse si deberíamos comer o no vegetales puede parecer ridículo. No lo es en absoluto. Como siempre, nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la evolución.

Los vegetales

Veamos a los vegetales desde un punto de vista evolutivo. Para empezar, no se mueven. Obvio. Pero, ¿por qué no se mueven “demasiado”? Básicamente porque no necesitan hacerlo. Todo lo que necesitan para desarrollarse, crecer y reproducirse lo pueden obtener directamente. Sol, agua y nutrientes del suelo. Es más, aquelas plantas en las que sí podemos observar a simple vista, movimiento, lo hace precisamente para suplir una carencia de nutrientes que obtienen de animales. Son las plantas carnívoras.

Puesto que una planta tiene todo lo que necesita para vivir, ¿necesita ser comida? En absoluto. Es más, si algo preocupa a las plantas es que sean comidas por otros animales. Espinas, venenos, cáscaras… las plantas han desarrollado todo tipo de defensas para que no se las coman los seres vivos que no saben vivir del sol y que han de moverse para alimentarse.

Hay, por supuesto, excepciones a esta norma general, como son los frutos o el néctar. Productos específicamente seleccionados para ser comidos y así diseminar las semillas por los animales. Un ejemplo extremo de ello, es el tejo (Taxus Baccata) cuyas hojas son tóxicas, y sus frutos comestibles. La planta decidció que necesitaba de los animales para reproducirse, pero se cuidó de que comieran sus hojas.

La co-evolución entre plantas y animales fué desarrlloando una guerra armentística entre ambos. Unas optaron por la “guerra química” haciendose tóxicas, y otras por métodos físicos, espinas y cáscaras.

Acacia
La acacia, un ejemplo de carrera armamentística con la Jirafa

Los herbíboros y las especies herbáceas

En un momento de la historia de la tierra aparecieron las especies herbáceas, y con ellas evolucionaron una serie de animales, que junto con bacterias de sus tubos digestivos, fueron capaces de utilizarlas como alimento. Cuando una vaca come hierba, no se alimenta de la hierba, sino de un caldo de bacterias que han digerido esta hierba.

De forma similar otros grupos de animales, le “ganaron” la batalla a algunas plantas y desarrollaron mecanismos para alimentarse de ciertas partes, como semillas, que en principio no deberían ser comidas. Por ejemplo, los pájaros granívoros. A una planta, en general, no le interesa que se coman a sus futuros retoños. Recordad que en un fruto, nos comemos la pulpa, pero las semillas quedan intactas y las dos partes salen beneficiadas.

El ser humano

Durante millones de años, los primates comieron frutas y verduras casi de forma exclusiva, como hacen ahora los gorillas. De ahí sus enormes tripas con sus enormes tubos digestivos para digerir la celulosa.

Ahora bien, en un momento dado, y por diversas causas, ciertos primates evolucionaron hacia homínidos y en esa evolución, cambiaron su dieta de forma radical. Junto con ese cambio de dieta, y muy posiblemente por este motivo, sus cerebros empezaron a crecer. Estos nuevos y grandes cerebros demandaban mucha más energía y más concentrada, de la que podían obtener de los vegetales. Por primera vez, empezamos a comer más animales que vegetales.

Y esto fue así durante varios miles de años, hasta que hace aproximadamenta unos 10000 años, apareció la agricultura.

Aparición de la agricultura

Este cambio fue drástico para nuestra alimentación y tuvo consecuencias en nuestra forma de vida y también en nuestra salud y dietas. El registro fósil demuestra cómo al introducirse la agricultura, nuestra altura, densidad ósea, o longevidad media fueron disminuyendo, ¿por qué?

De todas la especies vegetales que hay, solo unas pocas fueron susceptibles de ser domesticadas, y son las que hoy en día forman la mayor parte de nuestra dieta, trigo, maíz, arroz, soja, patata, etc… Pero precisamente estas epecies vegetales, y las partes que nos comemos de ellas, son justo las que a la planta no le interesa que comamos, sus semillas o sus órganos de almacenamiento de reservas (patatas). Y eso nos causó y nos sigue causando algunos problemas.

Loa primeros humanos que cultivaron estas especies, no lo tuvieron que pasar muy bien. Es muy probable que sufrieran bastantes intoxicaciones o alergias, precisamente porque las semillas de casi todas las plantas, tienen compuestos químicos diseñados para evitar ser comidas (antinutrientes). El glúten del trigo, aun hoy en día, sigue siendo un problema para muchas personas, y seguro que en esa época también lo fue.

Con el tiempo, a través de miles de cruzamientos y prueba y error, fuimos seleccionando las variedades vegetales menos dañinas y más productivas, hasta conseguir la variedad que tenemos hoy en día.

Además, el acceso al consumo masivo de vegetales ha permitido, entre otras cosas, que ahora mismo, estés leyendo este post. Sin la especialización social que permitió la agricultura, hubiera sido imposible el desarrollo de las civilizaciones modernas. Pero a cambio, muchos humanos sufrieron y algunos siguen sufriendo algunos efectos secundarios.

Teosinte
Teosinte, posible antepasado del maíz moderno

A las especies vegetales agraciadas, les vino muy bien. El maíz, por ejemplo, hoy en día no se encuentra de forma silvestre en el mundo. Es decir, depende al 100% de nosotros como especie, o al revés, no se sabe. Su pariente silvestre más cercano podría ser el teosinte, aunque no está muy claro. En definitiva, descubrimos unas especies que se adaptaban muy bien a ser cultivadas, almacenadas, y ellas consiguieron una dispersión mundial sin precedentes.

Pero, ¿y las propiedades beneficiosas de los vegetales?

Por supuesto, no estoy diciendo que no hay que comer vegetales, pero es interesante ponerlos en contexto evolutivo para poder conocer mejor sus beneficios y posibles perjuicios. Hoy en día no es factible, aunque quisiéramos, reproducir la dieta que teníamos hace miles de años. Además los vegetales domesticados nos han permitido tener acceso continuo a una enorme y variada fuente de vitaminas, minerales y elementos traza, que de otra manera sería difícil de obtener.

De hecho, en la actualidad, nuestro consumo animal está muy centrado en la carne magra, dejando de la lado partes que hace miles de años consumíamos de forma muy habitual, como médula ósea y órganos. Tengo la impresión de que hemos sido capaces de cambiar estos hábitos, gracias a un acceso más masivo a diversas fuentes de vegetales. Y esto nos ha permitido un mayor número de habitantes en el planeta y unas civilizaciones más complejas.

Eso, por supuesto, sin contar los factores culturales y gastronómicos que ha representado en la cocina el uso de los vegetales.

En definitiva, renunciar en nuestra sociedad al consumo de vegetales, aun cuando algunos puedan tener algún efecto secundario nocivo, nos privaría en la práctica de un acceso continuo a fuentes indispensables de nutrientes. Pero no está de más tener presente, que lo que ahora nos parece más normal, no ha sido así durante mucho tiempo de nuestro pasado evolutivo, antes de la extensión de la agricultura.

El tema da para mucho y no quiero alargarme más, os animo a que lo ampliemos en los comentarios.

Imagen vía | Por Matt Lavin, Por cw_anderson, Por Matt Lavin
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