
Cuentan que el famoso experto Hugh Johnson había adquirido en subasta varios vinos del Duque de Wellington, entre ellos, había una serie de botellas escuetamente etiquetadas con la referencia Molino del Rey. Cuando Johnson probó el vino de aquellas botellas que habían permanecido guardadas más de siglo y medio, descubrió un vino muy especial, dulce, especiado, con singulares dejes ahumados y cítricos, y perfectamente conservado.
Investigando un poco más, Johnson llegó a la conclusión de que aquel vino provenía de la zona denominada Molino del Rey, tierras malagueñas que pertenecían al Duque, famosas por la producción de uvas pasas.
El inquieto Telmo Rodríguez a buen seguro que escuchó la historia antes de trasladarse, a finales del siglo pasado, a la Axarquía malagueña en busca del espíritu del Molino del Rey en las serpeantes laderas de las colinas de Cómpeta, y vaya si lo encontró.









