
El Ministerio español de Agricultura, Pesca y Alimentación, en colaboración con su homólogo italiano, han presentado la Dieta Mediterránea como candidata a ser nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO de Naciones Unidas. Se trata de conseguir el reconocimiento internacional a nuestra dieta, que ya ha sido reconocida por médicos y especialistas en nutrición como una de las más saludables y de las que aportan una mayor esperanza y calidad de vida.
Ya hace años que diferentes estudios han demostrado que en los países ribereños del Mediterráneo las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares son las más bajas de Europa. No hay un solo factor determinante, pero parece ser que la baja ingesta de grasas de origen animal es una de las grandes ventajas de nuestra dieta, a favor de una mayor ingesta de grasas de pescado, ricas en ácidos grasos omega-3. Pero además debemos unir la acción beneficiosa del aceite de oliva, que comparte con otras grasas vegetales, y que ayuda al organismo a liberarse del “colesterol malo”.


No podemos evitar seguir hablando del problema de la obesidad en México, y es que acabamos de conocer otra noticia que hace referencia a este país y a la denominada epidemia del siglo XXI.
A pesar de todas las iniciativas realizadas en el Reino Unido para intentar reducir el consumo de fast food, este concepto alimenticio ha logrado el pasado año batir el récord de ventas. Ni los organismos de salud, ni los grandes chefs como Jamie Oliver, nada ha podido frenar el auge del fast food.
En un artículo publicado en el periódico digital La Jornada, un investigador de la Universidad Autónoma de México concluye que los altos índices de sobrepeso y obesidad existentes en ese país son fruto de la pobreza. Sus argumentos se basan en lo económico que resulta alimentarse a base de fast food.