
El queso se elabora a partir de leche (de vaca, cabra, oveja, búfala…) recién ordeñada. Esta leche, después de pasteurizarla si es el caso, se la somete a fermentación láctica o enzimática, obteniéndose de este proceso la cuajada, o sea el queso fresco.
A partir del queso fresco obtenemos, por medio del curado, el queso curado.
Este queso ha estado durante un tiempo determinado (un mínimo de dos meses, hasta años), almacenado en un lugar con unas condiciones ambientales específicas.
Tanto el tiempo, como el ambiente (temperatura, humedad, ventilación…) como los cuidados que se le den a ese queso, van a repercutir en sus posteriores características de forma y organolépticas.
Durante el tiempo de madurado, el queso sufre una serie de transformaciones químicas en su interior otorgándole el carácter que tendrá cuando salga de la bodega y cambiando su composición.



