
Ya es tiempo de mi fruta favorita, el higo. Exquisito y dulce fruto de la higuera (Ficus carica), árbol mediterráneo por excelencia, nos ha alimentado desde tiempos inmemoriales. Podemos ver dibujos de su recolección en templos egipcios de hace 5.000 años. En la Grecia clásica los higos se consagraban a Dionisos, dios de la renovación, y siempre que fundaban una nueva ciudad se plantaba una higuera para señalar el lugar de reunión de los ancianos, por lo que es un árbol que se relaciona con la sabiduría y los filósofos. De hecho, era el fruto favorito de Platón, que decía que los higos acrecentaban la inteligencia.
Por su intenso sabor dulce los higos se han usado para tomarlos secos o frescos, o cocinados para hacer salsas y postres. Los romanos los apreciaban mucho en la cocina. Aparte de estas cualidades culinarias los higos son un gran alimento, sobre todo gracias a sus altos contenidos en hidratos de carbono (azúcares) que nos aportan mucha energía. Seguramente, por esta razón Galeno los recomendaba a los atletas de los juegos olímpicos.



