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Alrededor de las grandes ciudades crecen sin parar barrios de nueva construcción, enjambres de edificios alineados entre grandes avenidas que difícilmente se diferencian unos de otros. Al norte o al sur, si nos vendaran los ojos y nos dejaran en una de sus esquinas, probablemente nos sentiríamos desorientados y no acertaríamos a adivinar si estamos en Vallecas o en Fuencarral. En ellos todo está por hacer y no existe la tradición, los locales y restaurantes comienzan de cero llenos de incertidumbre.
Las Tablas es uno de esos barrios, al norte de Madrid, que vimos crecer en pocos años junto a la A-1. Situado en mi área de influencia, hasta este fin de semana pasado no sentí curiosidad por acercarme a comer en alguno de sus restaurantes. Al final, tras unas cuantas consultas, escogimos Casa Corrochano, un local de comida tradicional. Una vez más “la niña de las reservas” tuvo su minuto de gloria al llegar a un restaurante prácticamente vacío. Cosas del verano, el calor y las piscinas.
El restaurante se estructura en una zona de barra para tapeo y un comedor informal (con las mesas bastante juntas), que comparten un mismo espacio. Al hacer la reserva nos indicaron que no disponían de zona de no fumadores, lo cual no fue un problema al haber apenas tres mesas ocupadas y ningún fumador en la sala, pero imagino con el local lleno el panorama puede tornarse molesto.
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