
Hay lugares a los que uno siempre quiere volver, y en mi caso, el restaurante Mendizorrotz está en un puesto muy alto en mi lista de sitios preferidos. Siempre que visito Donosti busco el momento y la compañía adecuada para comer o cenar en este restaurante-bar situado en el pueblo de Igeldo. A lo largo de la carretera que sube al monte Igeldo y que alarga su camino hasta Orio, hay una buena lista de tabernas y restaurantes a los que acuden los donostiarras, y no es extraño, a pesar de estar relativamente alejados de la ciudad, ver sus parkings llenos de coches y los comedores hasta la bandera. Unos más que otros, eso sí, y en Mendizorrotz, es mejor ser previsor y reservar una mesa en el bar, por si las moscas.
La semana pasada estuve en Donosti, visitando a la familia y disfrutando de unos días de vacaciones. Por supuesto, una de las noches subimos a cenar a Mendizorrotz, no sin antes asegurarnos una mesa en su populoso bar. La tónica general en este local es siempre la misma: buenos productos, servicio atento y una cocina limpia y puntual.
El restaurante está separado en dos zonas: el bar y el comedor de carta, que se adaptan y estructuran mediante unas cortinas en función de las necesidades. Nosotros siempre visitamos la zona del bar, junto a la barra, en la que se sirven raciones y pinchos. Ya antes de entrar teníamos una idea de lo que íbamos a pedir, pues la carta de platos tradicionales se mantiene en el tiempo, enriquecida por los productos de temporada.








A pesar de no haber podido asistir este año a Fitur, las noticias nos llegan, en este caso gracias a nuestra compañera 