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Ante las continuas alarmas alimentarias de los últimos tiempos, la Unión Europea, con el apoyo de los gobiernos locales, ha puesto en marcha el proyecto CONffIDENCE, que intenta desarrollar herramientas eficaces a largo plazo para la detección de contaminantes químicos en los alimentos. Esta iniciativa, coordinada por el Instituto de Seguridad Alimentaria de los Países Bajos, en la que participan 10 países, cuenta en España con dos grupos de trabajo pertenecientes al CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas).
Hasta ahora, tanto las industrias privadas como los organismos nacionales, disponen de métodos de detección de contaminantes químicos en los alimentos, pero son muy caros y además limitados a un determinado número de sustancias. De aquí la necesidad de sustituir estos test por otros más simples, rápidos y baratos, y que además cubran el mayor número de contaminantes.
Las sustancias a detectar son muchas, desde plaguicidas, contaminantes orgánicos, productos farmacéuticos, antibióticos, metales pesados o toxinas del marisco. Se diseñarán pruebas validas para muchos productos, como el pescado, piensos o verduras, combinando tecnologías sencillas, como tiras reactivas o técnicas sencillas de laboratorio.
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