
Recuerdo muy bien la primera vez que vi semillas de amapola, fue hace ya muchos años, yo era una niña y estaba pasando el verano con mi familia en Suiza. Un día, en una de esas maravillosas panaderías de pueblo que se encuentran por allá, me encapriché de un panecillo cubierto de curiosos puntitos negros. “Mohnsamen“, me dijo la dependienta; “Son semillas de amapola“, tradujo mi padre. Más tarde me señalaron unas bonitas flores de color rojo que había en un jardín, “Eso son amapolas, las semillas las tienen dentro“, mientras yo disfrutaba de mi rico panecillo.
Poco tiempo después me empecé a dar cuenta de que la presencia de las semillas de amapola en nuestro país cada vez era algo más común. Ya no sólo se encuentran en tiendas especializadas y herbolarios, podemos verlas en comercios más habituales, e incluso poco a poco se vez más productos de panadería que las incluyen entre sus ingredientes. En Directo al Paladar han aparecido en varias recetas, y seguro que muchos de vosotros también las incluís ya en vuestras preparaciones.







