
Desde que nos preocupamos por nuestra salud y por cuidar nuestra línea, con unas tendencias en las modas que imponen la delgadez como norma, se ha disparado el consumo de bebidas y alimentos light e integrales, como si eso nos garantizase perder peso de forma casi mágica. Por otro lado, en el mundo occidental o llamado “primer mundo” la sobreabundancia de alimentos unido a otros factores, como la vida sedentaria, ha potenciado el llamado “Síndrome metabólico”, personas en las que se une la obesidad o sobrepeso, la hipertensión sanguínea y cierta intolerancia a la glucosa, que puede llevar a la diabetes del adulto.
Las personas que sufren este síndrome suelen hacer poco ejercicio físico, uno de los pilares para tener una vida sana. A ello se une un consumo elevado de azúcares refinados y grasas de origen animal, que predisponen a padecer enfermedades cardiovasculares por la elevación de los niveles en sangre de colesterol total o de alguno de sus subproductos, como las LDL (lipoproteínas de baja densidad), que predisponen a la formación de placas de ateroma en las arterias (arteriosclerosis).
Un reciente estudio publicado por la prestigiosa revista “Circulation” relaciona directamente el consumo de bebidas light con este síndrome metabólico, aunque parezca paradójico. Las personas que, en dicho estudio, consumieron más de una bebida refrescante al día, fuera light o no, tuvieron un riesgo mucho mayor de presentar el síndrome metabólico, con los riesgos para la salud que ello supone. Tampoco parece que haya ninguna relación, ni positiva ni negativa, entre este síndrome y el consumo de alimentos integrales o light, en general.