
Para los británicos el té, al igual que ocurre en China y Japón, es servido como parte de un ritual no tan rígido como en oriente, pero que debe seguir sus pasos. La ceremonia del té de las cinco, seguida puntualmente por millones de ingleses, es una costumbre muy asentada desde que descubrieron las virtudes de algunos de los mejores tés del mundo, cultivados en las montañas húmedas del norte de la India, la “joya” de la corona.
Lo primero, por supuesto, es adquirir un buen té inglés, de buena calidad. Normalmente se trata de tés negros fermentados procedentes de las mejores zonas productoras del mundo, situadas en las montañas del norte de la India y la actual Sri Lanka. Hojas recolectadas a mano, secadas y fermentadas de forma natural. Hoy día es fácil encontrar buenos tés en cualquier lugar, pero siempre hay que asegurarse de que se haya conservado correctamente.
Olvidemos las bolsitas de té, que han triunfado comercialmente por su comodidad, pero que están hechas con los restos pulverizados de las hojas que no se pueden utilizar en otras presentaciones. Por tanto, de inferior calidad. Lo segundo es disponer de una buena tetera, las mejores son de loza vidriada, con un grosor adecuado para mantener la temperatura. Es preferible que sean bajas y anchas, para que en el interior el movimiento de las hojas de té sea el correcto.