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El garbanzo ha sido alimento básico de muchos pueblos durante milenios. Ha sido el sustento de generaciones, y es una pieza básica de la dieta mediterránea, en la que las legumbres han demostrado su importante papel. La carne del pobre, como también se conoce al garbanzo, es de una riqueza considerable en lo que a aportes nutritivos se refiere. Es rico en proteínas, en almidón y en lípidos (más que las otras legumbres) sobre todo de ácido oleico y linoleico, que son insaturados y carentes de colesterol. Además es un buen aporte de fibra y calorías.
En España existen muchas variedades: Fardón, Puchero, Alcazaba, Bujeo, Pedrosillano y Blanco andaluz, entre otras. En la Antigua Roma gozaban de una considerable reputación, aunque hoy en día ha ido siendo relegado su consumo a las clases populares.
Como otras legumbres, es recomendable su remojado previo a la cocción, en agua fría con un poco de sal, durante unas doce horas. Aunque se consume casi siempre cocido hay algunos platos en los que se puede comer crudo, como en los falafel, bolitas de garbanzos remojados con hierbas y especias, muy apreciados en la cocina del Medio Oriente. Los falafel se preparan a la perfección en Thermomix, triturando todos los ingredientes a velocidad 4 hasta que quede una masa uniforme. Luego se hacen bolitas de masa y se fríen siguiendo las indicaciones de la receta.
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