No hace mucho dábamos a conocer un acuerdo entre la compañía Monsanto (compañía agrícola especializada en la producción de semillas trangénicas) y BASF, una de las más importantes empresas químicas estadounidenses.
Se trataba de una alianza para el desarrollo y comercialización de distintos productos alimentarios transgénicos, que en tan sólo tres años lanzarían nuevos productos al mercado. Monsanto pretende ser el líder indiscutible en el desarrollo de alimentos trangénicos y al parecer lo está consiguiendo.

La ingeniería genética permite en muchas ocasiones mejorar un producto para que ofrezca mayor resistencia a las condiciones medioambientales y garantizar prolíferas cosechas, pero cuando además se puede conjugar la productividad y la prevención sanitaria el producto resultante adquiere un enorme valor.
Científicos israelies han cultivado tomates genéticamente modificados con sabor a limón y aroma de rosa.
Las investigaciones sobre productos transgénicos avanzan imparables con un objetivo primordial, mejorar las variedades de aquellos cultivos que más se utilizan en todo el mundo en todos sus aspectos, productividad, prevención contra las enfermedades, resistencia, etc. Son muchos los investigadores de todo el mundo que intentan obtener el mejor producto alimenticio, en este caso, en Australia se va a realizar un ensayo con trigo que ha sido genéticamente modificado para que sea capaz de soportar largos periodos de sequía.
Ya se ha aprobado la nueva regulación sobre el etiquetado y elaboración de los alimentos ecológicos en Europa, la comisión acepta un 0,9% de organismos genéticamente modificados en los productos ecológicos.
Diversas organizaciones están promoviendo una declaración en la que se muestra un total rechazo al uso de transgénicos en la agricultura y en nuestra alimentación. Organizaciones como Greenpeace o Ecologistas en Acción muestran su total rechazo a lo que otros denominan la solución del futuro para la alimentación.