
Uno de los mayores problemas para llevar una ensalada para comer en el trabajo es el aliño. Si lo añades antes de salir de casa, el aspecto de la ensalada a la hora de comer puede ser deprimente, y si tienes que llevarlo aparte, puede provocar una hecatombe en el bolso o la mochila. La solución: guardar la ensalada en un bote.
La clave está en que, si en vez de la clásica fiambrera, empleamos un bote de cristal, que suele ser más alto que ancho. Así podemos distribuir la ensalada por capas, de forma que la salsa y las cosas más jugosas queden al fondo, y la lechuga en la parte superior, para que se mantenga intacta hasta el momento de consumirla.
