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Bibliotecas que prestan moldes y otros utensilios de cocina (porque todo espacio en casa tiene un límite)

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La pasión por la cocina tiene ciertos inconvenientes. Sentir un deseo irrefrenable por todo tipo de utensilios culinarios es uno de ellos. Solo en el mundo de la repostería existe un catálogo ingente de moldes que ninguna cocina humanamente razonable podría abarcar. Además, ¿cuántas veces puede una persona hornear un bizcocho con forma de cabeza de pony?

Ocurre lo mismo con esos aparatos que cogen polvo olvidados durante meses, hasta que se nos ocurre volver a utilizarlos: una fondue, un molde navideño, una crepera... Si hay suerte se puede pedir a algún amigo, pero hay otra alternativa que al menos parece cada vez más común en Estados Unidos: bibliotecas que prestan utensilios de cocina. Y más cosas inesperadas.

Una idea tan simple como llena de lógica

Este verano el tema ha revoloteado en algunos medios estadounidenses, a raíz de una imagen compartida por la periodista Annemarie Dooling en Twitter. En ella se pueden ver varios estantes de una biblioteca local en los que se ofrecen diferentes moldes de repostería para prestar o "alquilar" varios días, hasta do semanas.

En realidad este servicio lleva ya tiempo funcionando en diferentes centros de todo el país, unido al préstamo de otros objetos de diversa naturaleza que podría extrañarnos encontrar en una biblioteca tradicional. Herramientas de bricolaje, instrumentos musicales o cañas de pescar son otros ejemplos llamativos. En España no parece aún muy común, aunque muchos centros, sobre todo en ámbito universitario, prestan ordenadores, calculadoras tabletas, lupas, lectores electrónicos o útiles de trabajo.

"Biblioteca" procede del latín bibliotheca, y este a su vez del griego βιβλιοθήκη, "lugar donde se guardan libros". Pero, aunque la palabra se mantiene, el concepto ha evolucionado. Las propias bibliotecas de hoy no tienen nada que ver con las de hace apenas unas décadas; se han convertido en espacios multifuncionales que acogen además muchos servicios complementarios a la mera conservación, catalogación y préstamo de libros o documentos.

Biblioteca

El espíritu de una biblioteca pública es, precisamente, ofrecer un servicio a su comunidad de usuarios, poniendo a su disposición objetos a los que les puede resultar difícil acceder. El préstamo de libros facilita y fomenta la lectura, pues no todo el mundo se puede permitir la adquisición constante de obras. Si solo nos interesa leer un libro una vez, ¿para qué comprarlo?

Esta nueva -relativamente- faceta de las bibliotecas se conoce ya como 'The Library of Things' y se está expandiendo por todo el mundo también en iniciativas particulares o incluso con afán lucrativo. En esencia, la idea es la misma que el alquiler de vestidos de boda o disfraces, conseguir algo que necesitas solo para una única ocasión. En el caso de los objetos, además, permite probar un aparato antes de decidirte a comprarlo.

Útiles de cocina para usos esporádicos

Algunas bibliotecas están creando un depósito de útiles de cocina gracias a donaciones, otro servicio muy práctico para dar salida a las típicas cosas que se acumulan en casa sin darles uso. Nuevos o de segunda mano, la idea es la misma: conservarlos para que otras personas los puedan usar en ocasiones puntuales.

Un ejemplo de cómo funciona este servicio es la red de bibliotecas públicas de Akron-Summit County. Tanto los moldes de repostería como otros útiles de cocina se prestan hasta un máximo de dos semanas, con una multa de 10 centavos por día de más. Solo está abierto a adultos y se permiten sacar dos objetos de cada grupo al mismo tiempo.

Moldes

El único problema es la seguridad alimentaria y el posible mal uso que puedan sufrir estos objetos. Se entregan siempre limpios, pero se aconseja lavarlos bien antes de usar, y hay que devolverlos, lógicamente, tras la conveniente limpieza. Como en los casi desaparecidos videoclubs, se cobran multas de entre 2 y 5 dólares en caso de saltarse la limpieza.

Fotos | Marco Verch - Unsplash - Didriks

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