Restaurant Wall 57 o la primacía de la materia

Este fin de semana, huyendo de la ola de calor y de las muchedumbres enardecidas por las fiestas mayores típicas del verano, recalamos en el Restaurante Wall 57, un restaurante situado en las cercanías de Barcelona, buscando un poco de tranquilidad y frescor. En Valldoreix, a 20 minutos de la ciudad, en mitad de la nada pero muy cerca de la estación de dicha población, se sitúa esta sucursal del reputado Restaurante Coure de Barcelona.

Aunque llegamos un poco tarde para la cocina, justo cuando la mayoría de los comensales estaban terminando los postres, nos reciben sin ningún problema. Como el exterior está de lo más bochornoso, pasamos de la abarrotada terraza y nos acomodamos en la barra, que es sin duda, la protagonista de este local de cuidado interiorismo, y desde la que podemos entretenernos viendo el trajín que se llevan cocineros y pinches en la cocina abierta al local.

La ancha barra, las cómodas sillas altas y el jazz hacen que de inmediato entremos en un estado de relax idóneo para la charla íntima y una buena disposición para empezar a degustar los platos elegidos.

Empezamos con el aperitivo marca de la casa, la croqueta de pollo al curry: crujiente por fuera y de una cremosidad inusual por dentro con trozos de pollo y un toque de curry muy suave, sencillo pero excepcional. Con el calor a las espaldas, nos decidimos por dos entrantes fríos: una ensalada de salmón marinado, espárragos blancos, yogur y eneldo, y un gazpacho de cerezas, berberechos y menta.

La carta de vinos es breve pero con una buena selección de vinos tanto nacionales como extranjeros. Para acompañar los primeros platos, nos llaman la atención dos vinos alemanes de los que tomamos dos copas: un Riesling seco de Rheinhessen y un tinto de la zona de Pfalz.

En el primero de los entrantes, el yogur y el espárrago quitan la sensación grasa típica del salmón marinado que va salpicado de trozos de cereza y aros de cebolla encurtida, un ensamblaje de gustos muy sutil que no enmascara en absoluto la suavidad del pescado.

Del segundo entrante, el gazpacho de cerezas, nos sorprende gratamente el contraste de sabores entre la cereza y los berberechos frescos, también nos gusta la textura aterciopelada de la crema con trozos enteros de la fruta, realmente original.

La materia prima de primerísima calidad con muy poca intervención culinaria, es decir, el máximo respeto por la frescura de los ingredientes de temporada y su sabor, sin disfrazarlos, ni elaborarlos excesivamente, son la filosofía de este restaurante.

Para los segundos platos proseguimos con otro entrante ligero: una terrina de pollo coronada por unas crujientes hojas de espinacas frescas y tiras de apio y manzana ácida, y por un bacalao confitado con cebollas, piñones y salsa de cigalas.

La terrina, a medio camino entre el pastel de carne y el paté de campaña, conjuga bien con la manzana ácida, aunque quizás sea el plato menos destacable de los que pedimos. Por el contrario, la carne fundente del bacalao, napada de una salsa de cigalas con un profundo sabor a mar, nos entusiasma.

Nos permitimos la licencia poética, y la equivocación, de maridarlo todo con una copa de tinto australiano de Barossa Valley tan compotado que optamos por prescindir del postre y acabar con un cortado.

La sensación de ligereza y satisfacción de la cena unido al trato más que cordial que nos brindan el equipo humano de este restaurante, hace que se nos haga difícil despegarnos de esa barra tan querenciosa, en la que hemos disfrutado de una comida impecable y de una calidad difícilmente inigualable.

Wall 57 en Valldoreix (Barcelona)

Rambla Mossèn J.Verdaguer, nº57 08197 Valldoreix-Sant Cugat del Vallès Tel. 935 895 060 Precio: 30-35 euros/persona

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