En 1926, Mieres compró un puerto de la montaña leonesa. Un siglo después, los ganaderos aún se pelean por quién puede llevar a pastar las vacas

Puerto Collage

El conflicto se ha recrudecido este verano, después de que la Junta de Castilla y León impidiera pastar a buena parte del ganado asturiano

Miguel Ayuso Rejas

Director

El Puerto de Pinos es una zona de pastos, de unas 900 hectáreas, situada en la comarca de Babia (León): casi 13 kilómetros cuadrados que constituyen uno de los lugares más privilegiados de España para criar ganado en extensivo. Pero, pese a estar León, el privilegiado enclave pertenece, desde hace más de un siglo, a la localidad vecina: Mieres, ya en Asturias.

El 27 de agosto de 1926, la Fundación Sierra Pambley, que había heredado el Puerto de Pinos de manos de su propietario, el filántropo Francisco Fernández Blanco Sierra Pambley, alma de la Institución Libre de Enseñanza, vendió el paraje al Ayuntamiento de Mieres.

No salió barato. El alcalde del concejo asturiano de Mieres en aquellos años, José Sela y Sela, desembolsó 415.600 pesetas del presupuesto municipal. Una cantidad, que, ajustando la inflación y el poder adquisitivo, equivaldría a en torno a 2,5 millones de euros de hoy en día.

Pero Sela y Sela, que cuenta incluso con un monolito erigido en su honor en el puerto, sabía lo que hacía. Mieres, que en aquella época dedicaba la mayor parte de sus terrenos a la explotación minera, no tenía apenas prados para sus ganaderos. Comprando, literalmente, un trozo de la montaña leonesa, el concejo asturiano aseguraba pastos verdes para su ganado en verano de por vida.

Retrato de José y Sela y Sela, con el puerto de fondo (Ayuntamiento de Mieres).

Un conflicto que lleva un siglo enquistado

Como en todos los contratos de arrendamiento o compraventa de pastos, el acuerdo entre Mieres y la Fundación Sierra Pambley establecía cuántas reses podían pastar en el puerto y desde qué días. En concreto, 630 vacas y 5.050 ovejas, que pueden pastar en el puerto de Pinos a partir del 1 de junio.

El problema es que el contrato contenía una salvedad que lleva causando problemas casi desde la firma misma del texto. Antes de morir, Francisco Fernández Blanco Sierra Pambley dejó escrito en testamento que, si alguna vez se vendía el puerto de Pinos, la compraventa no podía causar perjuicio a los pequeños pueblos leoneses, babianos, del municipio de San Emiliano.

Es por ello por lo que el contrato de compraventa del puerto establece el derecho de los ganaderos de las localidades de Pinos, Candemuela, San Emiliano y Villargusán a llevar a pastar a las reses de su propiedad al puerto. Pero se olvidó de un pequeño detalle: establecer cuándo y en qué cantidad podían llevar sus reses al puerto, como si está establecido para los ganaderos asturianos.

El pequeño pueblo de Pinos, en León, da nombre al puerto. (Ayuntamiento de San Emiliano)

Este descuido, hizo que los vecinos de Mieres y Babia se pelearan casi desde la firma del contrato.

Los ganaderos asturianos acusan a sus colegas leoneses de que llevan las reses mucho antes y acaban comiéndose lo mejor del pasto. Por su parte, los municipios babianos, acusan al Concejo de Mieres de llevar más ganado de lo acordado en el contrato y usar el puerto como si fuera de su término municipal, cuando, pese a ser de su propiedad, sigue siendo territorio leonés.

Como explica Carlos J. Domínguez en ILeón, Mieres actúa sobre el puerto “como si se tratara de una calle de la localidad”. Así, explica, “en la zona abundan diferentes construcciones de piedra, hay caminos acotados, un pequeño embalse, muros y vallados, un edificio recreativo y común llamado –para remarcar quién es el dueño– Casa Mieres y hasta una pequeña ermita en honor a la Virgen de las Nieves, donde cada año los asturianos se reúnen en torno a una fiesta tradicional”.

Que se sepa, asegura Domínguez, el Ayuntamiento de San Emiliano no ha otorgado nunca licencias para hacer nada en el puerto, pese a que, en puridad, es la autoridad competente en el paraje. De hecho, el acceso al mismo se puede hacer por carretera desde Mieres, pero no desde la vertiente leonesa, desde la que solo se puede acceder por un camino de cabras, aunque la Junta de Castilla y León ha anunciado ya una inversión millonaria para acondicionar el acceso desde la vertiente leonesa.

El Ayuntamiento de Mieres cuenta incluso con un Reglamento Municipal en torno al puerto, que data de 1980, y regula no solo su uso ganadero –que afecta también a los vecinos de Babia–, sino también recreativo, con la posibilidad de sacar a concurso un bar-cantina, entre otras cosas. Unas competencias que, insisten las localidades leonesas, no les corresponden pese a ser el Concejo de Mieres propietario legítimo del paraje.

Mieres levantó en el puerto una capilla en honor a la Virgen de las Nieves en la que se celebra todos los años una romería. (-Kike69-)

Una tortura judicial

El litigio entre San Emiliano y Mieres lleva enquistado décadas, pero se complicó aún más la pasada primavera, cuando el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 1 de Oviedo ordenó la paralización inmediata de la subida de aproximadamente 1.500 cabezas de ganado vacuno procedentes del municipio mierense al puerto de Pinos, al considerar que esta actuación podría vulnerar una sentencia firme dictada en 2024. Y es que el contrato original solo dejaba pastar en el puerto a menos de la mitad de vacas.

Desde 2006, cuando las juntas vecinales de las poblaciones leonesas empezaron a reclamar sus derechos sobre el puerto de Pinos en los juzgados, han ganado prácticamente todas las batallas judiciales, pero todos los años se repite la misma escena: cuando suben los ganaderos de Mieres, ya están allí los de León, y tiene que intervenir la Guardia Civil para que la cosa no llegue a mayores. 

Las diversas sentencias judiciales suelen coincidir en lo mismo: aunque Mieres mantiene la propiedad histórica de parte de los terrenos, la administración efectiva del territorio corresponde a León. En la práctica, eso significa que las autorizaciones ganaderas, controles sanitarios, permisos y gestión del uso del puerto dependen de la Junta de Castilla y León.

Los ganaderos de Mieres, que viven el asunto como una cuestión identitaria, denuncian pérdidas económicas, piden compensaciones y acusan a la Junta de Castilla y León de utilizar el conflicto para expulsarlos progresivamente del puerto, pero la cosa pinta mal para su causa.

Este verano, intentaron asaltar el puerto antes de que llegara el 1 de junio y se dedicaron a cargarse los cercados con hachas y radiales. Como explicaron a La Nueva España, cada vez que suben hasta allí se encuentran caballos y yeguas leonesas, así que optaron por derribar esos cierres que ellos mismos habían colocado y que impedían que los animales pasasen de los terrenos asturianos, donde pastan sin restricciones, pese no ser de su propiedad, los leoneses. Varios de los manifestantes fueron identificados por la Guardia Civil. “Si los lleváis a ellos nos tenéis que llevar a todos, así que podéis ir llamando un autobús”, advertía uno de los mierenses a los agentes.

El pasado 2025, fue el primer año en que el Gobierno de Castilla y León hizo valer su autoridad de sanidad animal y decidió no entregar las guías sanitarias a las reses mierenses. Esto hacía que, legalmente, ninguna pudiera pacer allí. Aún así, hubo ganaderos que llevaron las vacas. Aunque fueron multados, no consta que hayan llegado las sanciones.

Como explica Domínguez, el conflicto no parece que tenga fácil solución. Si se sigue cumpliendo el contrato firmado en 1926, todos los 1 de junio los ganaderos asturianos y leoneses seguirán peleándose. “La otra opción se resume con una palabra muy gruesa: expropiación”, mantiene el periodista leonés. “El concejo asturiano no la admite: las 900 hectáreas son suyas de pleno derecho, defienden. En cambio, el lado leonés apuesta claramente por ello”.

El alcalde de San Emiliano, David Marcello no ve otra solución y cree que se podría hablar de fijar un justiprecio para comprar de vuelta el puerto a Mieres, “incluso por encima si es necesario”, porque no ve otro posible escenario que ponga fin a una anomalía de un siglo.

Imágenes de portada | -Kike69- Flickr/RPA

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