Un bar de guiris de Biniaraix (Mallorca) saca en procesión una lasaña en plenas fiestas del pueblo y los locales se indignan: “No somos una colonia”

Lasana Binaraix

La ocurrencia ha acabado en dos multas de 750 euros, acusaciones cruzadas y la salida de Mallorca de los organizadores

Miguel Ayuso Rejas

Director

Biniaraix es un pequeño y pintoresco pueblo de solo 440 habitantes perteneciente al municipio de Sóller, en plena Sierra de Tramuntana. Alejado de las partes más turísticas de la isla, tiene, sin embargo, una importante colonia de residentes extranjeros, casi un 20%:  los británicos son el grupo más numeroso, seguidos de cerca por los alemanes.

En Mallorca viven en gran medida del turismo y la convivencia con alemanes y británicos viene de lejos, pero si hay algo capaz de causar conflicto es su injerencia en las tradiciones locales.

El pasado mes de agosto, en el inicio de las fiestas patronales de Biniaraix, los vecinos mallorquines fueron sorprendidos, en medio del pregón, con una procesión, formada según informa Última Hora en su mayoría por forasteros, que ocupó la plaza del pueblo portando una enorme lasaña.

La celebración coincidió con varios actos tradicionales incluidos en el programa festivo, entre ellos el pregón y la actuación de los xeremiers –los músicos que tocan la típica gaita mallorquina–, lo que provocó las quejas de vecinos y de la Associació de Veïnats de Biniaraix.

El bar de Biniaraix en Google Street View.

El evento había sido organizado por el único bar del pueblo, regentado desde hace 25 años, como apunta el Diario de Mallorca, por Katja y Petra. Tras el incidente, el partido político Més per Sóller expresó una queja pública: “Los recién llegados que no saben dónde están los límites tendrán que reflexionar. No somos una colonia donde pueden hacer lo que quieran, donde quieran”.

Como explican en Última Hora, el alcalde del municipio dio orden a la Policía Local de levantar acta y esta semana ha llegado la multa: dos sanciones administrativas de 750 euros cada una al establecimiento que organizó los actos. Una, porque se superó la superficie autorizada para la instalación de mesas y sillas en la terraza de la taberna, situada en la plaza. La segunda, por la celebración de la controvertida procesión, una actividad que no contaba con la preceptiva autorización municipal.

Un bar con los días contados

El suceso ha sido una amarga despedida de un bar que ha estado 25 años en activo y que va a cerrar en las próximas semanas.

La decisión, según explica César Mateu en el Diario de Mallorca en boca de sus dueños, no viene tomada por todo el revuelo que se generó, sino por la decisión Katja que, después de 25 años viviendo en la isla, quiere regresar a los Alpes: "Era incapaz de tomar la determinación y el Universo la tomó por mí”.

El bar celebrara una fiesta de despedida el próximo 15 de noviembre, anuncio que han aprovechado para pedir perdón por lo ocurrido: “Fallamos y lo lamentamos sinceramente. Comprendemos plenamente la decepción y el malestar que esto ha generado en el pueblo”. También para denunciar los ataques que han sufrido tras organizar la particular procesión: “Los mensajes de odio y de carácter xenófobo que estamos recibiendo —incluidas acusaciones de nazismo— carecen de justificación y nos parecen absolutamente desproporcionados”.

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