Pastores de La Rioja ante la ola de calor: salir con las ovejas a las cinco y volver "hasta que ya no pueden con el calor"

Ovejas Calor

La situación se ha convertido en un auténtico riesgo laboral para ganaderos, pastores, viticultores y agricultores

Jaime de las Heras

Editor Senior

Trabajar cuando los demás todavía duermen se está convirtiendo en una necesidad para muchos agricultores y ganaderos. En algunas zonas de La Rioja, las altas temperaturas han obligado a adelantar las jornadas hasta las cinco de la mañana para aprovechar unas pocas horas de fresco antes de que el calor haga prácticamente imposible continuar.

Es lo que sucede a Miguel Ángel, ganadero en Galilea. Su rutina comienza de madrugada, cuando prepara el rebaño y sale con las ovejas al campo. No existe, sin embargo, una hora fija para regresar. Son los propios animales los que terminan marcando cuándo ha llegado el momento de refugiarse, relatan a Cope.

Cuando la temperatura aumenta y las ovejas empiezan a buscar sombra, Miguel da por terminada esa primera parte de la jornada. Mantener al ganado expuesto durante las horas más duras supondría someterlo a un estrés térmico que intenta evitar adaptando su actividad al comportamiento del rebaño.

El trabajo tampoco termina entonces. Hacia las cinco y media o las seis de la tarde, cuando el sol pierde algo de intensidad, vuelve a salir con los animales. La segunda parte del día se prolonga hasta prácticamente la puesta de sol.

La situación muestra hasta qué punto las elevadas temperaturas están alterando las rutinas tradicionales del campo riojano. La comunidad ha registrado jornadas con 36 y 37 ºC, alrededor de nueve grados por encima de los valores históricos.

La ganadería no es la única actividad afectada. Los agricultores también están adelantando sus horarios para intentar esquivar las horas centrales. En San Asensio, el viticultor Santiago Sodupe comienza a trabajar en las viñas a las cinco de la mañana para avanzar todo lo posible antes de que suban las temperaturas.

La hidratación se convierte además en una parte indispensable de la jornada. Sodupe sale al campo con una garrafa de cuatro o cinco litros de agua. Cuando llega la tarde, las posibles tormentas también condicionan el trabajo y pueden obligarle a permanecer en casa, donde aprovecha para ocuparse de otras tareas.

Problemas también para el agricultor

En Ausejo, Jesús Fernández Ocón afronta una situación algo diferente mientras cosecha cebada. Este cereal necesita condiciones secas y cálidas para su recolección, pero eso no evita que las temperaturas extremas compliquen el trabajo. Por ese motivo procura detener la actividad alrededor de la una de la tarde.

El calor tampoco se limita a cambiar los horarios de quienes trabajan en el campo. También está dejando huella en los propios cultivos. Las temperaturas elevadas registradas ya en mayo afectaron a la floración del guisante y perjudicaron su cosecha, mientras existe preocupación por cómo pueden haber condicionado también el desarrollo de la cebada.

La respuesta inmediata pasa por desplazar el trabajo hacia los extremos del día. Madrugar mucho más, detenerse cuando llega el calor y regresar al campo al final de la tarde se ha convertido en una forma de adaptación. En el caso de los ganaderos, además, ya no es únicamente el reloj el que organiza la jornada: también lo hacen los propios animales y su capacidad para soportar unas temperaturas cada vez más difíciles.

Imágenes | Ebahir / Yavuz Solgun

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