
Las excursiones de otoño y las comidas que llevamos al trabajo también requieren mantener la cadena de frío: el tiempo de congelación debe ajustarse a las instrucciones de cada producto
Aunque los acumuladores de frío ya no acompañen los días de playa, siguen siendo útiles para una excursión de otoño o para llevar la comida al trabajo. A menudo la preparamos con las prisas de salir: la fiambrera está lista, buscamos la bolsa isotérmica y entonces recordamos los bloques refrigerantes, que llevan semanas en el armario en lugar de estar en el congelador.
Enseguida, estas van al congelador y damos el asunto por resuelto. Sin embargo, unas pocas horas pueden resultar insuficientes para que determinados acumuladores alcancen las condiciones de uso previstas.
Ojo al interior del bloque
El problema puede estar bajo una superficie aparentemente congelada: el interior del bloque todavía conserva parte de su contenido líquido. Este corazón líquido explica por qué una nevera puede perder eficacia antes de lo esperado: ciertamente, el frío exterior no permite conocer por sí solo el estado de todo el acumulador.
No asumir que todos son iguales
Lo más habitual es ponerlos en el congelador el día anterior, pero la cuestión es evitar una regla universal y en cambio, atender al tipo de acumulador y al tiempo de congelación que indique su fabricante, en lugar de asumir que todos estarán preparados al levantarnos.
El problema es sacarlos antes de tiempo, ya que los acumuladores necesitan enfriarse durante el tiempo que indique su fabricante para ofrecer el rendimiento previsto. Si los introducimos a última hora, algunos modelos pueden no estar listos cuando salimos de casa. Eso reduce su capacidad para mantener fría la comida; no significa que el bloque estropee directamente los alimentos.
Según el Ministerio de Consumo, los alimentos que necesitan refrigeración deben introducirse en la nevera portátil justo antes de salir, preferentemente acompañados de acumuladores de frío.
Estos ayudan a conservar la temperatura baja, pero no sustituyen al frigorífico: conviene mantener la comida a la sombra, abrirla lo menos posible y sacar la comida únicamente cuando vaya a cocinarse o consumirse. Una vez preparada, los alimentos que necesitan refrigeración deben mantenerse a unos 4 °C o menos.
Colocar varias piezas
La colocación también es relevante en este sentido. Para las bolsas de almuerzo, se aconsejan al menos dos fuentes de frío, situadas por encima y por debajo de los alimentos perecederos. Pueden combinarse acumuladores con una botella congelada de agua. Esta recomendación resulta más útil que confiar toda la conservación a un único bloque arrinconado junto a los refrescos.
Después queda una costumbre tan sencilla como difícil en una excursión familiar: no abrir la tapa continuamente. De hecho, cuando sea posible es mejor llevar las bebidas en otra nevera para reducir la exposición de la comida al aire caliente. Los acumuladores necesitan preparación, pero también buenos hábitos durante el uso, pues cada búsqueda de una lata deja entrar calor donde intentábamos conservar el frío.
Fotos | Joana Costa
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