La ingeniera química Laura Ferràndez: "Siempre bebo agua del grifo, pasa más controles de calidad de lo que pensamos"

Controles constantes, tecnología avanzada y procesos exigentes garantizan una calidad que muchos siguen poniendo en duda

Joana Costa

Editor

En pleno debate sobre la calidad del agua, hay voces que desmontan mitos desde dentro. Es el caso de Laura Ferràndez Galceran, que lo tiene claro tras años trabajando en una planta de potabilización: el agua del grifo es más segura de lo que la mayoría cree.

La experta afirma que consume agua del grifo de forma habitual y que confía plenamente en ella. El motivo no es una opinión, sino el conocimiento directo del sistema de control que hay detrás.

El proceso de potabilización no es sencillo ni improvisado. El agua pasa por múltiples fases de tratamiento donde se analizan tanto los parámetros químicos como los microbiológicos. Cada etapa está diseñada para detectar y corregir posibles alteraciones antes de que llegue a los hogares, explica a El Periódico.

Uno de los puntos clave es el control de subproductos como los trihalometanos, compuestos que pueden generarse durante la desinfección con cloro. La normativa española fija límites estrictos y obliga a un seguimiento continuo para garantizar que se mantengan en niveles seguros. "Siempre bebo agua del grifo, pasa más controles de calidad de lo que pensamos", afirma.

Más allá de estos aspectos técnicos, Ferràndez insiste en una idea poco conocida: el agua del grifo está sometida a controles mucho más frecuentes que otros productos de consumo habitual. La vigilancia es constante y regulada por normativa específica.

Su trabajo, desarrollado en la planta de Figueres, ha ido un paso más allá. A través de herramientas de inteligencia artificial, ha contribuido a optimizar el uso del ozono en el tratamiento del agua, mejorando tanto la eficiencia como la seguridad del proceso.

Este tipo de avances permite anticiparse a cambios en la calidad del agua de origen, ajustando el tratamiento en tiempo real y reduciendo riesgos. También supone un ahorro energético y una gestión más sostenible de los recursos.

En paralelo, la experta pone el foco en otro aspecto que suele pasar desapercibido: el coste real de potabilizar el agua. Detrás de cada litro hay infraestructura, tecnología y personal especializado que garantizan que llegue en condiciones óptimas.

En un contexto de sequía reciente y mayor conciencia ambiental, el mensaje es claro. Confiar en el agua del grifo no es solo una cuestión de comodidad, sino también de información. Porque, aunque no se vea, es uno de los productos más controlados que consumimos a diario.

Fotos | En Pexels: cottonbro studio y Yaroslav Shuraev.

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