Entre las críticas están la protesta del aumento de la cuota en embarcaciones del sur de España, a pesar de que no suelen pescar todo lo que se les permite
Arrancó la campaña de sardina en el Cantábrico y el Atlántico ibérico. La Secretaría General de Pesca dio luz verde este 23 de marzo a la pesquería en las zonas CIEM 8C y 9A para la temporada 2026, con una cuota que llega algo mermada respecto al año anterior.
No es una sorpresa: los asesores científicos recomendaron recortar un 2,8% el volumen total autorizado en el arco ibérico, y a eso hay que sumarle el descuento de las 429 toneladas que la flota capturó en exceso durante la campaña pasada. La cifra resultante ronda las 9.420 toneladas para los barcos de cerco, racú y piobardeira.
No es la primera vez que este recurso obliga a ajustar el paso. La sardina ibérica llegó a estar sometida a un paro biológico completo hace unos años, cuando su estado era tan precario que cualquier captura resultaba inasumible.
Aquella parada forzosa marcó un antes y un después en la gestión de una especie que tiene, más allá de su valor comercial, un peso sentimental enorme en el norte de España. Forma parte de la cultura costera, de las fiestas de verano, de los puertos más pequeños. Recuperarla ha costado tiempo y sacrificio.
Ahora, con la pesquería abierta, toca regular bien el ritmo para no repetir errores. Para ello, la Secretaría ha establecido límites semanales diferenciados según el tamaño y las características de cada embarcación. Hay dos grandes grupos. Primero, unos 150 barcos con ocho o más tripulantes dados de alta en la seguridad social, o con un arqueo bruto superior a 40 toneladas, que podrán llegar hasta los 7.500 kilos por semana.
Segundo, en torno a 94 embarcaciones más pequeñas —incluidas las que faenan con racú y piobardeira— cuyo límite semanal queda fijado en 5.000 kilos. A partir del 1 de junio, cuando la demanda sube al calor de las fiestas de San Xoán y el San António portugués, esas cifras se ampliarán hasta los 10.000 y 7.500 kilos respectivamente.
Aquí entra en juego una distinción que cada vez tiene más peso en el sector: si el barco dispone o no de diario electrónico de capturas. Desde enero de 2026, este sistema es obligatorio para las embarcaciones de más de 11,99 metros. Quienes lo tienen instalado pueden agrupar sus topes semanales y descargar toda la cantidad permitida en solo dos jornadas.
Eso significa que un cerquero del grupo grande podría llevar al puerto hasta 3.750 kilos en un día, y uno del grupo pequeño, hasta 2.500. Sin ese registro telemático, los límites son diarios y más ajustados: 1.500 kilos para los mayores y 1.000 para los menores hasta finales de mayo, con ligeros incrementos a partir de junio.
Sea cual sea la categoría y el sistema de registro, todos los barcos comparten una restricción común: hasta el 1 de junio, ninguno puede desembarcar más de 400 kilos diarios de xoubas, sardinas de entre 11 y 15 centímetros. Proteger esta talla mínima es esencial para garantizar que los juveniles alcancen edad reproductiva. A partir de junio, esa cantidad podrá agruparse semanalmente para quienes cuenten con diario electrónico, con un máximo de 1.600 kilos.
Un tope para las capturas accidentales
La temporada concluirá a las 23:59 del 23 de diciembre, dejando tres meses de veda para que la especie descanse. Las capturas accidentales de sardina una vez cerrada la campaña no podrán superar el 15% del total de pelágicos desembarcados.
Otro asunto que regresa cada año como una costumbre incómoda es el mercado de cuotas entre flotas. Los cerqueros del norte nunca tienen bastante con su parte. Muchos armadores que pueden permitírselo acuden a comprar derechos de pesca a los pesqueros del golfo de Cádiz, donde los barcos disponen de 7.005 toneladas para esta campaña.
No es un secreto que buena parte de esa flota sureña no llega a agotar su cupo y acaba vendiendo una porción relevante. El año pasado transfirieron cerca de la mitad. Mediante las llamadas transmisiones temporales, ese mercadeo continuará en 2026 hasta el 31 de agosto. Quienes adquieran cuota podrán pescarla a su ritmo, pero en el momento en que empiecen a usarla quedan fuera de la bolsa común.
Esta situación tiene críticos. Néstor Rego, diputado del BNG en el Congreso, la califica de injusta para la flota gallega, que siendo mayoritaria en el cerco del Cantábrico recibe una parte insuficiente del reparto global.
Pide revisar también la distribución entre España y Portugal —donde el 66,5% de la cuota ibérica va a manos lusas— y reclama directamente que se elimine la posibilidad de compraventa de cuotas para evitar la especulación con un recurso que, insiste, es un bien público.
Imágenes | iStock
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