Tras Mercosur, Europa abre las puertas a lechales y terneras australianas. Los ganaderos españoles lo consideran "una traición"

Organizaciones como COAG o COGEGA protestan, sobre todo, por las bajas exigencias que habría respecto al producto comunitario

Jaime de las Heras

Editor Senior

Apenas está esbozada, o más bien solo iniciada, la batalla de ganaderos y agricultores españoles con las autoridades europeas a cuenta del controvertido acuerdo con Mercosur, cuando se abre ahora otro frente, también a miles de kilómetros de nuestras fronteras, pero que el campo considera igual o incluso más peligroso.

En este caso no median vínculos culturales, sino intereses económicos y estratégicos. La Unión Europea y Australia cerraron este martes 24 de marzo de 2026 en Canberra un acuerdo comercial rubricado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y por el primer ministro australiano, Anthony Albanese.

Entre sus puntos más sensibles figura la apertura del mercado comunitario a nuevas cuotas de carne australiana, tanto de vacuno como de ovino, algo que organizaciones agrarias como COAG contemplan con enorme recelo.

Las críticas de las organizaciones del campo llegan, además, en un momento especialmente delicado para el sector primario europeo, todavía muy presionado por el aumento de costes de producción, entre ellos los energéticos y los ligados al transporte. 

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Puertas abiertas para corderos y ternera

El malestar se agrava porque muchos productores interpretan que Bruselas vuelve a exigir altos estándares ambientales, de bienestar animal y de trazabilidad dentro de la UE mientras facilita la entrada de productos de terceros países sometidos, a su juicio, a reglas menos estrictas.

Desde COAG, Miguel Padilla ha denunciado que a las mesas europeas podría llegar “un cordero congelado” procedente de Australia tras recorrer unos 17.000 kilómetros en contenedor frigorífico. La organización teme, además, que el consumidor no disponga de información suficientemente clara para distinguir el origen del producto ni las condiciones en las que se ha criado. 

También cuestiona que Australia siga permitiendo prácticas, como el uso de hormonas de crecimiento, prohibidas en la Unión Europea desde hace décadas, lo que a su entender genera una competencia desleal.

En el caso del vacuno, el acuerdo contempla una cuota de 30.600 toneladas mediante contingentes arancelarios, una cifra que vuelve a poner en pie de guerra a los productores europeos.

Lácteos, azúcar y arroz, también en el candelero

Las quejas no se limitan al vacuno. El ovino también preocupa especialmente al sector español, ya que el pacto incluye nuevas cuotas para carne de cordero y ovino australiano, que pasará a competir en el mercado comunitario en fechas de alta demanda, como la Semana Santa o el final del Ramadán. A ello se suma la entrada de otros productos sensibles, como azúcar y arroz, que los agricultores ven como una presión añadida sobre unos precios que ya atraviesan una etapa muy frágil.

En resumen, el campo español teme que la UE vuelva a sacrificar a parte de su sector primario en nombre de una estrategia comercial y geopolítica más amplia. 

Bruselas defiende que el acuerdo con Australia servirá para reforzar la relación con un socio fiable, asegurar materias primas críticas y aumentar las exportaciones europeas, pero sobre el terreno ganaderos y agricultores lo leen de otra manera: más competencia exterior, más presión sobre los precios y más sensación de agravio regulatorio.

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