Una multinacional da la puntilla a la sociedad de agricultores del lúpulo en León, el 'oro verde' de la provincia

Tras vencer la compra colectiva en 2024, los agricultores han firmado contratos individuales con el principal comprador

Jaime de las Heras

Editor Senior

La provincia de León sigue siendo la gran referencia del lúpulo en España. Su liderazgo es abrumador: concentra más del 90% de la producción nacional y, en algunas referencias del propio sector leonés, alcanza incluso alrededor del 95%, mientras que la presencia de otros territorios, como La Rioja, queda reducida a una parte muy pequeña. 

Esa enorme distancia explica por qué este cultivo se ha convertido en uno de los emblemas agrarios del Órbigo y en una materia prima estratégica para la industria cervecera. Además, el encarecimiento del transporte internacional y de insumos como los fertilizantes ha reforzado la idea de contar con suministro cercano para una actividad que depende de una planta clave en la elaboración de cerveza.

En ese contexto, el sector leonés ha entrado en una etapa completamente distinta. Según el medio local Ileón, la multinacional Hopsteiner ha terminado por dejar sin función real a la Sociedad Agraria de Transformación (SAT) del lúpulo leonés, una entidad que durante años sirvió para agrupar a los productores, defender posiciones comunes y evitar que cada agricultor tuviera que sentarse solo ante un gran comprador.

Una nueva variedad y un nuevo contrato

El punto de inflexión se produjo cuando venció en 2024 el contrato colectivo que los cultivadores agrupados en la SAT habían firmado en 2017. A partir de ahí, Hopsteiner, que compra casi todo el lúpulo de la provincia y opera como interlocutor con las grandes cerveceras españolas, impuso un nuevo marco. Primero, desaparecía la negociación conjunta. 

En 2024 venció el contrato colectivo que unía la SAT con Hopsteiner.

Después, los contratos pasaban a firmarse de forma individual con cada productor. Y, además, se abría la puerta a implantar Helios, una variedad propia de la multinacional. Para muchos agricultores, aquello supuso aceptar unas nuevas reglas o quedarse fuera del sistema, como ya explicaba León Noticias en febrero de 2025.

Ese giro generó inquietud desde el primer momento. La SAT entendía que la negociación colectiva protegía tanto a las explotaciones grandes como a las pequeñas. Sin ese paraguas, cada lupulero quedaba frente a frente con una empresa de enorme capacidad comercial. A eso se sumaba otra dificultad importante: sustituir una variedad consolidada por otra nueva no es una operación inmediata, indicaban en Astorga Redacción.

La provincia de León es la productora mayoritaria de lúpulo en España.

Requiere tiempo, inversión y paciencia, porque las plantaciones tardan años en alcanzar un nivel de producción rentable. Mientras tanto, el agricultor asume el riesgo. Hopsteiner no aclaró qué parte total de la superficie iba a reconvertirse a Helios, de modo que tampoco quedó claro cuántas hectáreas tuvieron que empezar prácticamente desde cero en perjuicio del H3, que había sido la variedad predominante en León.

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Crónica de una muerte anunciada

La relación de fuerzas ya venía marcada de antes. Hace alrededor de una década, Hopsteiner compró la mayor parte de la Sociedad Anónima Española de Fomento del Lúpulo, SAEFL, que históricamente había canalizado este negocio y en la que los propios agricultores leoneses conservaban una parte del capital. 

Ahora apenas quedan 40 socios dentro de la SAT.

Con esa operación, la multinacional se consolidó como comprador dominante, apoyada además en contratos de exclusividad con las cerveceras nacionales. La SAT sobrevivió durante un tiempo como espacio de unión y asesoramiento, pero el nuevo modelo contractual terminó por arrinconarla, de lo que se quejaron organizaciones agracias como Asaja.

Las consecuencias ya se notan con claridad. La SAT ha perdido más de la mitad de sus socios. Si en 2020 había más de un centenar de agricultores dedicados al lúpulo en la provincia, la información de Ileón apunta a que cerca de 70 acabaron firmando el nuevo contrato con Hopsteiner, mientras otros dejaron el cultivo o intentan seguir por su cuenta. 

El lúpulo español es fundamental para la industria cervecera para intentar reducir su dependencia de mercados exteriores.

Hoy apenas permanecen unas cuarenta personas bajo las siglas de la sociedad, que incluso ha tenido que prescindir del personal dedicado a tareas administrativas y de asesoramiento agronómico. No se ha disuelto formalmente, pero ha quedado sin el papel que justificaba su existencia.

Este cambio coincide además con un deterioro de las cifras productivas. En 2025, León registró 516 hectáreas de lúpulo, un 4,9% menos que el año anterior. La cosecha bajó de 934 toneladas en 2024 a 851 en 2025, lo que supone una caída del 8,8%. 

Pese a ello, el lúpulo siguió aportando varios millones de euros a la provincia y mantuvo su peso como cultivo singular en una zona donde forma parte de la identidad económica local. Precisamente por eso, lo ocurrido con la SAT no se interpreta solo como una reorganización empresarial, sino como el final de un modelo histórico en el que los agricultores conservaban cierta capacidad colectiva frente al comprador dominante.

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