
Por mucho que te esfuerces desinfectando los tápers, si no quitas un accesorio de la tapa, podrías estar exponiéndote a contaminaciones alimentarias
Inocente de mí, pensaba que cuidaba la higiene y la seguridad alimentaria en casa con meticulosidad. Hace tiempo que desechamos los tápers de plástico de calidad dudosa y que priorizamos los envases de vidrio, respetando la cadena de frío y limpiándolos a conciencia. Hasta que un día comprobé con estupor que me olvidaba de algo importante: las gomitas de las tapas.
Es cierto que no todos la tienen, y quizá por eso no caí en la cuenta al principio, acostumbrada a las tapas genéricas de una sola pieza que todos conocemos. Pero las tapaderas de la mayoría de tápers de vidrio, y también muchos de plástico duro, suelen incorporar una goma en todo su perímetro interior.
Es un refuerzo incorporado al diseño hermético de estas fiambreras, que se suma al cierre fijo que proporcionan las pestañas tipo clip. Todo son ventajas, ya que ocupa el espacio vacío entre la tapa y el cuerpo del envase, evitando que se acumule aire y previniendo de golpes que puedan dañar el borde de vidrio o plástico con la manipulación. También ayuda a evitar derrames de líquidos o que penetre aire del exterior.
El problema es que esas gomas van tan perfectamente adheridas que es fácil que se nos olvide que también hay que lavarlas. Y no basta con pasar el estropajo por encima al fregar a mano las tapas: hay que extraer esas gomas y limpiarlas por separado. Mejor evitar el lavavajillas, que pueden deformarlas.
¿Qué ocurre si no lo hacemos así? Pues que jugamos a la ruleta rusa de la seguridad alimentaria. Lo más probable es que nunca nos pase nada, pero puede pasar. Si no limpiamos bien la goma y el espacio donde se aloja, podríamos dejar sin lavar y sin desinfectar un material en el que conservamos alimentos, exponiéndolos a la contaminación por microorganismos patógenos que podrían provocar intoxicaciones.
Otro peligro muy evidente es que, al no sacar la goma, podríamos generar humedad en sus rendijas y en el hueco donde se aloja, dando lugar a que surja hongos como el moho. En resumen: podríamos estar generando un caldo de cultivo ideal para bacterias y microorganismos precisamente cuando creemos estar protegiendo la comida.
La solución es sencilla. Si tienes tápers o recipientes similares cuyas tapas tienen una goma perimetral interior, sácala cuando vayas a fregarla. Procura hacerlo con un cuchillo de punta redonda u otro utensilio no afilado para no dañarlo. Friega, enjuaga y seca todo bien, asegurándote de que está bien seca antes de volver a colocarla. Y si se deteriora, toca cambiarla.
Imágenes | DAP/Liliana Fuchs
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