Una planta venenosa de hasta cuatro metros está invadiendo media Alemania, pero sin glifosato nadie consigue erradicarla

Se conoce como perejil gigante, está prohibida en España y, además de ser tóxica, es una amenaza para los ecosistemas locales

Liliana Fuchs

Editor

La planta conocida como perejil gigante puede sonar simpática e incluso atractiva para cultivar en el jardín, pero su nombre es puro engaño. Se trata de una planta venenosa, invasiva y con un gran potencial colonizador, que está dando verdaderos dolores de cabeza en el centro de Alemania. Lleva tiempo apoderándose de jardines y parques, y nadie consigue ponerle freno. Al menos, no sin la ayuda de un polémico herbicida.

La lucha de los vecinos de Saale-Orla-Kreis, un distrito del estado federal de Turingia, en el centro del país, ejemplifica lo que está siendo una lucha de David contra Goliath, una guerra que lleva ya tiempo prolongándose en el tiempo contra contra una gigantesca y resistente planta que puede llegar a medir hasta cuatro metros de altura. 

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La Heracleum mantegazzianum, también llamada planta de Hércules, es originaria del Cáucaso y otras regiones de Asia Central, y logra expandirse con gran facilidad en todo tipo de terrenos, adaptándose con facilidad al clima europeo y también de gran parte de Norteamérica. Debido a la amenaza que supone para la flora y ecosistemas locales, pues arrasa a a su paso, se considera una especie invasora en muchos países, estando prohibida en España desde 2013 su posesión, transporte, tráfico y comercio.

En Saale-Orla-Kreis creen que llegó por primera vez al distrito cuando un vecino decidió llevarse un ejemplar del parque Lobenstein para decorar su jardín hace más de 20 años. Y más tarde, a raíz de una crecida de las aguas del río, la planta comenzó a expandirse sin control por toda la región, desplazando a la vegetación autóctona. “Por todas partes solo había perejil gigante”, cuenta Reiner Hartmann, vecino del barrio; “Un desastre”. Y se dijo que tenía que hacer algo.

Hartmann lleva años luchando contra esta especie invasora con la ayuda de otros voluntarios que incluso colaboran desde otras regiones cercanas del país, y ha llegado a fundar una asociación para coordinar las acciones y unificar fuerzas. Aunque han logrado disminuir la población del perejil gigante en muchas áreas, no consiguen erradicarla. Arrancar las plantas solo con la fuerza física es un trabajo duro, y solo sirve con los ejemplares más jóvenes y aislados. Para acabar con las grandes poblaciones necesitan glifosato.

Hartmann confiesa a la prensa local estar furioso con las autoridades locales, pues la legislación ha prohibido el uso de este herbicida, cuando ha demostrado ser una herramienta eficaz y segura para erradicar plantas invasoras como esta. “No hay otra forma de controlar el perejil gigante”, afirma, rotundo. Una especie que, además, es peligrosa para los seres humanos, ya que es fototóxica y produce urticarias, decoloraciones y ampollas semejantes a las quemaduras en la piel.

El herbicida se hace especialmente necesario porque las semillas conservan su capacidad de germinación durante mucho tiempo, incluso años. Además, no basta con cortar las plantas, ya que muchas raíces que se quedan ocultas en el suelo pueden volver a brotar tiempo después. Por eso es tan complicado acabar con esta gigantesca invasora.

“Hay que sopesar qué es más importante. El perejil gigante amenaza nuestra flora autóctona y lo invade todo. Por eso, en un caso así, debería permitirse su uso [el glifosato]”, afirma Hartmann. “Así se puede evitar una catástrofe”.

Imágenes | Flickr/Anders Sandberg/Seabrooke Leckie 

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