Los agricultores temen ser los más perjudicados en un acuerdo que celebra la industria alimentaria (y la del automóvil)
Tras unas negociaciones muy complicadas, que comenzaron hace más de 25 años, la Unión Europea ha aprobado un acuerdo de libre comercio con Mercosur, la unión económica formada por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
Aunque el Parlamento Europeo debe ratificar el acuerdo, se da por sentado que saldrá adelante. Y será así pese a la oposición de Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría, los únicos países que han votado en contra de la alianza, pero han quedado en minoría. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajará este fin de semana hasta Asunción, capital de Paraguay, para sellar oficialmente el acuerdo con los representantes de Mercosur.
El acuerdo afecta a 270 millones de consumidores y supone la eliminación de los aranceles en las exportaciones de ambas partes, que se irán aplicando de forma gradual en un periodo de hasta 15 años.
Se calcula que la eliminación arancelaria puede hacer ahorrar a las empresas europeas cerca de 4.000 millones de euros al año, pero los agricultores y ganaderos temen que la libre llegada de productos alimentarios de Latinoamérica hunda aún más los precios de sus productos. Y es que ellos tampoco se verán beneficiados, aseguran, por una relajación aduanera que hace más fuerte al resto de eslabones de la cadena alimentaria: el procesado y la distribución.
No es de extrañar por tanto que mientras la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), patronal de la industria, celebra el acuerdo, lo critican con dureza –y movilizaciones– todas las organizaciones agrarias.
Ahora bien, no todos los sectores agroalimentarios van a verse afectados por igual. Y hay negocios, también en el sector primario, que pueden salir reforzados gracias al acuerdo.
Los que ganan
El Gobierno de España ha sido uno de los grandes defensores del pacto con Mercosur. Y lo ha sido porque nuestro país es una potencia exportadora: es concretamente el cuarto emisor de alimentos de la UE y el séptimo del mundo.
“Necesitamos aliados”, aseguraba el presidente español, Pedro Sánchez, la semana pasada, poco antes de que se firmara acuerdo. Sánchez ha insistido en que el tratado “refuerza el papel de Europa en el mundo y abre oportunidades para nuestras empresas, sin renunciar a proteger a nuestros productores”.
Dado lo difícil que se está poniendo el mercado con EEUU, muchas empresas españolas buscan expandirse en Latinoamérica, y este acuerdo abarata enormemente el coste de entrada.
El aceite de oliva irá perdiendo su arancel de manera progresiva en 15 años, abaratando los costes sobre todo en los negocios con Brasil, que concentra el 98% de las exportaciones de Mercosur. Hablamos de una facturación anual total de 106 millones, que se espera crezca gracias al acuerdo.
Sale también beneficiada la exportación de vino, cuya facturación anual con Mercosur es de 33,6 millones de euros, pese a que soporta aranceles de hasta el 35%. Estos se eliminarán en 8 años, menos los de los espumosos, que se liberalizan desde la entrada en vigor del pacto. Además, las bebidas espirituosas quedarán exentas de aranceles en 4 años.
Otro importante sector con intereses en Latinoamérica que se va a ver beneficiado es el de la industria pesquera, que fondea en aguas latinoamericanas para la elaboración de ultracongelados. Los plazos son dilatados, con un proceso de eliminación de aranceles de hasta 16 etapas, como en el caso de las exportación de sepia y calamares; pero a la larga es otro sector que saldrá ganando.
No obstante, el sector que mejor parado sale del acuerdo no tiene nada que ver con lo agroalimentario: es la industria del automóvil. La importación de coches tenía hasta la fecha un arancel del 35%, que también va a eliminarse progresivamente. Las primeras proyecciones aseguran que las ventas de coches europeos en Mercosur pueden triplicarse de aquí al año 2040.
Los que pierden
El principal miedo de los agricultores reside en la entrada al mercado comunitario de productos de Latinoamérica con un coste de producción mucho menor.
Es el mismo problema que enfrenta el campo con los productos provenientes del Magreb: a priori, los productores europeos parten de una posición más difícil, al tener que competir en el mercado con alimentos más caros que los provenientes de Mercosur, que están sometidos a menores costes y una regulación más laxa a la hora de producir.
Los agricultores pedían la inclusión en el acuerdo de las llamadas “cláusulas espejo”, medidas para obligar a las empresas agrícolas exportadoras de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay a cumplir con los mismos reglamentos que la Unión Europea.
Aunque estas cláusulas no se han aprobado, el acuerdo sí contempla una suerte de salvaguardas, que podrían suponer la vuelta inmediata de aranceles en caso de una brusca caída de los precios. Este mecanismo está pensado para alimentos especialmente sensibles como el vacuno, las aves, el arroz, la miel, los huevos, el ajo, el etanol y el azúcar. La Comisión Europea abrirá una investigación si el precio de un producto del Mercosur es al menos un 5% inferior al de la misma mercancía en la Unión Europea.
Aunque la ganadería puede verse afectada por la competencia de productos latinoamericanos, tiene menos que perder. En primer lugar, porque su exportación desde esas latitudes es más compleja que la de frutas y verduras, pero, además, porque el acuerdo va a facilitar, y abaratar, el abastecimiento de cereales de forraje esenciales para la industria de los piensos, como la soja.
La peor parte se la llevan sin duda, los productores de frutas, verduras y cereales. En concreto, el sector de los cítricos puede sufrir con la llegada de nuevos productores de zumos, una industria potente en Mercosur, pero los países latinoamericanos son también potentes en la producción de cereales y azúcar, que van a sufrir una mayor competencia.
Imágenes | Gtres/Pixabay/pixinoo
Ver todos los comentarios en https://www.directoalpaladar.com
VER Comentarios