Ambas compañías han dado el 'sí, quiero' a una fusión que se materializará a mediados de 2027t
Cuando el río suena, agua lleva. Hace algunas semanas ya adelantamos que Unilever y McCormick habían iniciado conversaciones para que la multinacional anglo-holandesa traspasara íntegramente su rama alimentaria a la estadounidense.
Aquel rumor, que algunos trataron con escepticismo, acaba de convertirse en realidad. Ambas compañías confirmaron este martes un acuerdo histórico valorado en 44.800 millones de dólares, uno de los mayores movimientos corporativos que ha vivido el sector en los últimos años.
La noticia era, en cierta medida, crónica de una muerte anunciada. Unilever lleva años ejecutando un plan de repliegue en alimentación con determinación quirúrgica.
Su objetivo es claro: transformarse en una empresa centrada exclusivamente en belleza, bienestar, higiene y cuidado personal. Categorías con más margen, más crecimiento y más atractivo para los inversores. Quedarse con marcas de sopas o mayonesas no encajaba ya en esa hoja de ruta.
El repliegue de Unilever en alimentación
Ahora, con esta transacción, ese proceso culmina de manera definitiva. Marcas tan conocidas como Knorr, Hellmann's y Maille pasarán a engrosar el catálogo de McCormick, una empresa especializada en especias, condimentos, salsas y soluciones para la industria alimentaria, y que ya cuenta con enseñas reconocidas como Cholula o Frank's.
En España, además, el traspaso incluirá referencias tan familiares para los consumidores como Calvé, Ligeresa y Maizena. La entidad resultante de esta fusión alcanzará unos ingresos combinados de alrededor de 20.000 millones de dólares, según los datos del ejercicio 2025.
¿Cómo se articula financieramente la operación? Unilever y sus accionistas recibirán títulos de McCormick equivalentes al 65% del capital diluido de la nueva sociedad fusionada, valorados en unos 29.100 millones de dólares. A eso se suma un pago en metálico de 15.700 millones de dólares.
Con ese dinero, Unilever prevé cubrir costes fiscales y de separación, aligerar su deuda y poner en marcha un programa de recompra de acciones propias de 6.000 millones de euros que se extenderá hasta 2029.
Una vez cerrado el trato, los actuales accionistas de Unilever controlarán el 55,1% de la nueva compañía combinada. Unilever mantendrá además una participación directa del 9,9%, aunque ha dejado claro que tiene intención de deshacerse de ella de manera ordenada, eso sí, no antes de que transcurra un año desde la conclusión formal de la operación. McCormick, por su parte, conservará en manos de sus propietarios actuales el 35% restante.
¿Qué gana McCormick con la fusión?
Para la empresa norteamericana, este movimiento supone un salto de escala. Integrarse con la división alimentaria de Unilever la convierte en uno de los colosos mundiales del condimento y los ingredientes culinarios.
McCormick estima que la fusión generará sinergias anuales de costes de unos 600 millones de dólares, ya descontadas las reinversiones en crecimiento, y que estarán plenamente materializadas al cabo de tres años. Se espera que la operación quede cerrada a mediados de 2027, pendiente de la aprobación de los accionistas de McCormick y del visto bueno de los reguladores.
Desde Unilever, su consejero delegado Fernando Fernández describió el acuerdo como "otro paso decisivo" en la reorientación estratégica del grupo. Su homólogo en McCormick, Brendan Foley, calificó la transacción de "transformadora". Dos palabras distintas para definir lo mismo: un cambio de época.
Y es que este no es el primer movimiento de calado que Unilever ejecuta en esta dirección. Antes de cerrar esta operación, ya había segregado su división de helados, que facturaba cerca de 8.000 millones de euros, dando lugar a una empresa independiente bautizada como The Magnum Ice Cream Company.
Todavía antes, también se había desprendido de su negocio de margarinas, bajo el que se cobijaban marcas como Flora o Tulipán. Pieza a pieza, Unilever ha ido desarmando su arquitectura alimentaria. Con McCormick, coloca la última.
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