El chef guipuzcoano explicó en uno de sus recetarios en qué debemos fijarnos para que no den mal sabor
Las acelgas, aunque ya están en nuestra vida todo el año, tienen una temporada marcadamente invernal que se extiende hasta los primeros compases de la primavera, momento en que terminamos de verlas frescas en los mercados.
Nos quedan los tarros, claro, donde las conservas nos echan más de un capote para tener acelgas siempre a punto. Sin embargo, si las compramos frescas, hay algunos detalles que nos van a demostrar antes de probarlas que no están en su mejor momento.
Especialmente si queremos evitar que amarguen, algo bastante recurrente con las acelgas que ya están más curtidas de la cuenta. Por eso, no está de más prestar atención a un consejo que dejó el chef Martín Berasategui en el libro Cocina con garrote a la hora de hablar de las acelgas.
De hecho, una de las pistas que recomienda el chef guipuzcoano para fijarnos en que las acelgas van a estar bien es fijarnos en el tamaño. Contrariamente a lo que se suele pensar, en las hortalizas, el lema de 'caballo grande, ande o no ande' suele ser una mala idea.
Cuanto más grandes sean las hortalizas, más ásperas, duras, amargas o aguadas tienden a ser, aunque haya excepciones. No sucede así en el caso de las acelgas, donde Berasategui explica cómo saber cuándo las pencas estarán amargas.
Cocina con garrote (edición ampliada y actualizada): 160 recetas fáciles y sabrosas (Cocina casera)
"Cuando las acelgas tienen hojas demasiado grandes, ásperas al tacto y su color se está tornando amarillento, es porque están por florecer", indicaba dentro de los trucos que daba en una de sus recetas o, puntualizaba, "ya lo han hecho", rematando el consejo con: "esto quiere decir que sus pencas tomarán un sabor amargo".
Imágenes | Imagen de freepik y Facebook Martín Berasategui
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