
La distribución actual no debería ser un motivo decisivo para renunciar a una vivienda antigua si el resto del inmueble tiene potencial
En pleno encarecimiento de la vivienda, el piso de segunda mano sigue siendo la gran puerta de entrada al mercado. De hecho, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) recogidos por el diario, en 2025 el 78,2% de las compraventas en España correspondieron a vivienda usada.
Sin embargo, muchas operaciones se caen en la primera visita por una razón que a menudo está sobredimensionada: la distribución. Basta con un pasillo demasiado largo o demasiado ancho, o una habitación demasiado estrecha para descartarlo.
Ahora bien, los arquitectos Sergi Puig y Bernat Riera, socios de SIGLA Studio, explican que ven con frecuencia cómo se descartan pisos antiguos por tener pasillos largos, cocina cerrada o habitaciones mal resueltas, cuando en realidad eso puede corregirse con relativa facilidad, según La Vanguardia.
La clave está en entender que, dentro de una reforma integral, mover tabiques no suele suponer un gran sobrecoste frente al conjunto del presupuesto de comprar un nuevo piso.
Según señalan, cuando ya se van a renovar cocina, baños e instalaciones, redistribuir espacios apenas modifica significativamente la inversión final y, en cambio, puede suponer dejar pasar una buena oportunidad.
Eso cambia por completo la mirada sobre muchos pisos antiguos, especialmente en fincas regias o edificios de mediados del siglo XX, donde la estructura suele ofrecer más posibilidades de las que aparenta a simple vista.
Puig y Riera recuerdan que, más allá del año de construcción, conviene fijarse en el potencial espacial: techos altos, carpinterías originales, suelos hidráulicos, entrada de luz natural o una estructura robusta.
En realidad, muchas viviendas antiguas están mejor construidas que otras más recientes levantadas con sistemas más industrializados o económicos.
Eso sí, advierten de señales que sí deben activar la alarma: grietas diagonales, desniveles perceptibles en el suelo, humedades persistentes o ventanas que no encajan bien.
Más que mirar el piso como está hoy, la recomendación es imaginar lo que puede llegar a ser. A veces, detrás de un pasillo interminable y una cocina de los años 80, hay una vivienda con mucha más vida que un piso nuevo sin alma. Solo es cuestión de ponerle algo de imaginación a la primer visita.
Foto | En Pexels: Foto de Алан Албегов,
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