Fragancias suaves como lavanda, algodón o madera blanca ayudan a equilibrar el ambiente invernal
En invierno, la casa se vive de otra manera. Se pasa más tiempo en interiores, se ventila menos y los espacios acumulan sensaciones que van más allá del frío. En ese contexto, el ambiente cobra una importancia especial y pequeños gestos ayudan a recuperar equilibrio.
Las velas aromáticas se han consolidado como un recurso sencillo para crear atmósferas más calmadas. No se trata solo de perfumar, sino de asociar determinados aromas a orden, pausa y desconexión, algo muy buscado en los meses más oscuros del año.
Dentro de la amplia oferta disponible, hay fragancias que se repiten una y otra vez entre las más vendidas, con permiso de olores boom del momento, como las propuestas con olor a matcha, chai e incluso vainilla. No destacan por ser intensas, sino por su capacidad para integrarse en el espacio sin imponerse y acompañar el día a día con discreción.
Lavanda, la preferida
La lavanda sigue liderando las preferencias. Su aroma floral suave se asocia a la relajación y funciona especialmente bien en dormitorios o salones donde se busca una sensación de descanso. Es una fragancia reconocible, fácil de aceptar y poco invasiva.
Además, la lavanda tiene la ventaja de adaptarse a distintos momentos del día. Encendida unos minutos, aporta calma sin saturar el ambiente ni competir con otros olores del hogar.
Algodón limpio
El aroma a algodón limpio ocupa el segundo lugar entre los más demandados. Evoca ropa recién lavada y transmite una sensación inmediata de orden y limpieza. Por eso resulta ideal para recibidores, pasillos o estancias pequeñas donde se quiere un efecto fresco y neutro.
Este tipo de fragancia funciona bien en casas donde se evita el perfume intenso. Aporta presencia sin dejar rastro pesado y ayuda a equilibrar olores acumulados por la calefacción o la falta de ventilación.
Madera blanca
La madera blanca, con toques que recuerdan al pino, completa este trío de aromas más vendidos. Es cálida, ligeramente dulce y muy envolvente, pero sin la intensidad de otras maderas más oscuras. Encaja bien en salones y espacios comunes donde se busca confort visual y sensorial.
En invierno, estas velas resultan especialmente eficaces porque compensan el aire más seco y los olores propios del uso continuado de la calefacción, sin necesidad de recurrir a ambientadores con demasiada presencia o con un aroma de corte artificial.
Elegir velas elaboradas con cera natural y mechas de algodón mejora tanto la duración como la calidad del aroma. No es necesario mantenerlas encendidas mucho tiempo: unos minutos bastan para cambiar la percepción del espacio.
Con lavanda, algodón limpio y madera blanca, se crea un ambiente sereno y ordenado que acompaña el ritmo más pausado del invierno y hace que la casa se sienta, sencillamente, más habitable.
Fotos | Pexels
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