Desde la primera edición en el año 2020, la feria cuenta con una herramienta de matchmaking que facilita la labor comercial de las empresas
Corren malos tiempos para la lírica y, quizá también, para el amor. O para el amor al vino, al punto de que el sector, especialmente en determinadas categorías, ha perdido potencia en la última década. Sin embargo, hay rayos de esperanza, tanto para el vino como para el amor a este, en lugares como la Barcelona Wine Week, consolidada como la mayor feria del vino español, que ya va por su quinta edición, mejorando año tras año no solo datos de expositores o de visitantes, sino también de citas de compradores.
Dentro de un programa impulsado expresamente por la feria, Barcelona Wine Week tiene su pequeño First Dates para que bodegueros y compradores internacionales (hasta 880 en esta edición de 2026) puedan cerrar citas previamente.
Entre una suerte de Tinder y una celestina para poner en común a los elaboradores con los potenciales importadores donde la propia organización de la Barcelona Wine Week, además de partners como ICEX, se vuelcan para que el vino español salga de nuestras fronteras.
No es un tema menor. En España, según datos de la propia organización de la feria, hasta el 70% del vino comercializado de nuestro país se hace fuera de España. Una cifra que, valiéndonos de otro clásico símil, nos permite adaptar el 'París bien merece una misa' con un 'Barcelona bien merece una cita'.
Y ahí, cuenta Céline Perez, directora de Barcelona Wine Week, entra la organización de esta feria que reúne a más de 1.300 bodegas españolas y 90 denominaciones de origen, donde ponen el foco más de 1.900 compradores, tanto nacionales como internacionales.
La organización ha impulsado un sistema de matchmaking desde la primera edición de la feria, en el año 2020, con una intención: que la Barcelona Wine Week no solo sea una alfombra roja, sino una auténtica plataforma comercial internacional.
"Sí, es el Tinder del vino español", explica Pérez. "Todos los expositores, en el momento que a la feria, tienen un acceso garantizado a nuestra herramienta de matchmaking y tienen posibilidad de solicitar unas quince reuniones durante la feria".
"Es una herramienta bidireccional", puntualiza, puesto que el expositor realiza peticiones de cita al comprador y este ya decide si acepta o rechaza la invitación. La mayor ventaja de esta suerte de citas comerciales que no empieza en la feria, sino semanas antes.
Además, como popularmente se dice, los expositores no tienen que estar deshojando la margarita ni pelando la pava de si el comprador está interesado o no. Una vez que se envía la invitación de la cita, el potencial comprador tiene 48 horas para aceptar la cita. Si no lo hace, la invitación se cancela, pero regresa a la bodega, que puede volver a utilizarla.
Además, los compradores tienen una ventaja añadida: ellos no tienen límite de reuniones que puedan cerrar. En especial los hosted buyers que la organización invita, cerca de 900 en este 2026, que no solo acuden a la feria, sino que también hacen inmersiones en el territorio y visitan distintas zonas vitivinícolas españolas.
"A mediados de enero ya pueden hacer estas solicitudes", comenta Céline Pérez, directora de Barcelona Wine Week, facilitando así que los bodegueros puedan cerrar previamente sus citas y llegar con la agenda ya hecha a la feria, evitando cierto tipo de citas a ciegas o las siempre complicadas situaciones de puerta fría.
No obstante, en muchos casos, esto es simplemente un primer encuentro. "La postferia es muy importante", añade Pérez. "El 73% de los compradores invitados encauzan o cierran algún acuerdo comercial durante la celebración", indica sobre los datos aunque, evidentemente, "hay encuentros a posteriori".
Por si fuera poco, la herramienta es todavía más completa para que los bodegueros se puedan llevar el gato al agua. "Tenemos un programa interno, llamado Recomienda, que permite a los expositores que participan en la Barcelona Wine Week recomendarnos clientes, tanto actuales o potenciales", puntualiza.
Con este método, la organización localiza –si no los tuviera ya– determinados perfiles de importadores que pueden ser relevantes. Además, no es una cita totalmente a ciegas. "Nosotros hacemos una labor de permitir que a esos compradores que igual les cuesta llegar por su medios, vengan. Los invitamos, pero les informamos de que ha sido invitado en nombre de una u otra bodega", agrega.
Un celestineo del vino que viene de lejos. "Esto lo empezamos a hacer en mayo del año anterior", ilustra Céline Pérez, sobre las fechas en las que las bodegas pueden solicitar la presencia de determinados compradores.
Además, como sucede en las apps de ligar, casi nadie quiere perder el tiempo. "No quedan por quedar o no cierran citas solo porque lo tienen que hacer. Estamos viendo cómo los compradores, sobre todo internacionales, no viajan salvo que haya un atractivo real de la feria. No es venir a Barcelona, es venir por quién acude a la feria", remata.
Imágenes | Barcelona Wine Week
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