Una garnacha espumosa de Navarra que puede competir con cualquier champagne: el mito Basondoa

No dudes nunca ante esta etiqueta: es una de las mejores garantías de calidad que vas a ver en un espumoso

Jaime de las Heras

Editor Senior

Hay vinos que te hacen girar la cabeza, mirar la etiqueta y decir: "¿pero qué es esto y qué estoy bebiendo?" Y sí, en España hay muchos de estas características, pero reconozco que cuando probé en el restaurante Mirador de Deyo este vino dije: "Podría competir con muchísimos champagnes".

Y no, no es una exageración. Su nombre es Basondoa, y es un espumoso, navarro, hecho con garnacha y que, evidentemente, merece la categoría de blanc de noirs –esos espumosos blancos hechos con uva tinta–, pudiendo mirar de cara a cara a champagnes que le duplican y triplican en precio.

Un vistazo a…
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Todo empieza hace más de 100 años, cuando José María Ibáñez, oriundo de la zona media de Navarra, el epicentro de las garnachas de la región, se fue a estudiar a Champagne a principios del siglo XX.

Hoy la odisea sigue en manos de un Ibáñez, Mitxel, responsable de seguir con el buen hacer de esta garnacha de la Valdorba a la que convierte en uno de los vinos espumosos más singulares, fascinantes y originales de toda España. Atreverse, aún hoy, a hacer un espumoso monovarietal de garnacha, dentro de Navarra, y encima meterle una crianza de 48 meses y que sea brut nature es un reto tras otro y, como en un circo, ir al más difícil todavía.

Y lo consigue, como lo consiguieron los Ibáñez que lo precedieron, poniendo en el mapa a un vino que cuesta 25 euros, pero que cuesta infinitamente más. Hablar de este blanc de noirs no es solo meternos en el terruño de los Ibáñez. Ni de hablar de garnachas que hablan con soltura una traducción simultánea con el idioma del champagne. 

Tampoco de que hablamos de una crianza larguísima y metódica que puede empatar y superar a muchas burbujas con más renombre e historia.

Vino espumoso Basondoa 2016.

Por supuesto, no es un espumoso solo para quedarse a brindar (que también, claro). Es gastronómico, es divertido, tiene una burbuja bien afinada que te puedes beber en cualquier momento –como aperitivo, en un primer plato, en un copeo o acompañando a un principal– y, si lo bebes a ciegas, no pensarías que te estás bebiendo una garnacha navarra convertida en espumoso, sino que te podrías estar bebiendo algunas de las grandes referencias de André Clouet.

Y todo por 25 euros, llevándote en el saco un vino con historia, con muchísima fuerza, con muchísima frescura y que va a sorprender a todo el que le pongas por delante y que, por méritos propios, te acercaría a la categoría de gurú de los espumosos.

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