Se criaron entre bateas y viñas y desde hace 25 años elaboran un albariño casi mitológico: “Nosotros no teníamos pazo ni éramos condes”

Robustiano Albarino

Los Fariña iniciaron Attis en el año 2000, aunque la elaboración de vino en su casa se remonta ya a sus abuelos

Jaime de las Heras

Editor Senior

En Attis Bodegas y Viñedos saben literalmente lo que es tirar del carro. No se queda solo en la frase hecha, sino en la realidad que está detrás de su etiqueta. "Attis era el conductor de la diosa Cibeles", explica Robustiano Fariña, la mitad de la ecuación de esta bodega en la localidad pontevedresa de Meaño, en el Val do Salnés, una zona que considera como el grand cru de los viñedos de Rías Baixas.

"Aunque no era solo conductor, también era el amante", comenta Robustiano durante la presentación a prensa de sus bodas de plata. No las de Cibeles y su chófer, sino de la marca, que celebra en 2026 sus primeros 25 años de vida. 

Y todo, como suele pasar en las buenas historias, tiene algo de mitológico, pero también mucho de terrenal y, aunque parezca raro, los Fariña no solo han tenido los pies en la tierra, sino también que los han calado en el mar.

El porqué del nombre, en una tierra donde las referencias suelen tener otro tipo de cachés, no es un tema menor. "Nosotros no teníamos pazo ni éramos condes", rememora Robustiano, que confiesa encontró ese Attis "en un libro de historia del arte" en todo un ejemplo de branding moderno… Solo que pensado en el año 2000: "Empezamos en el garaje de nuestra casa haciendo 8.000 botellas, ya en 2012 inauguramos la bodega nueva". 

Del mejillón al albariño

"Estamos criados entre bateas y entre viñas", explica Robustiano, el menor de los hermanos, aprovechando la presentación a prensa de este cuarto de siglo que les ha servido para colocar su albariño –y otros vinos– en un pedestal casi olímpico; quizá no de los juegos, pero sí de los dioses.

Robustiano y Baldomero Fariña dirigen Bodegas y Viñedos Attis desde el año 2000, cuando dieron forma a la bodega.

"La realidad es que vendemos todo lo que producimos", sintetiza un gallego de corazón dividido entre el viñedo y la batea. Se refiere a las 350.000 botellas que elaboran de sus 20 referencias, aunque cuenta el secreto: "El 80% es Attis".

La mayor parte de los viñedos de Attis están en Meaño, considerado el grand cru de Val do Salnés.

Se refiere a su vino de entrada, un albariño que ronda un precio de 15 euros y que condensa ese espíritu de Rias Baixas que se espera encontrar en él: salinidad, frescura, tensión, mucha vivacidad… Como una ola, podríamos cantar, pero sin nada Jurado.

Vino blanco Attis 2024. DO Rias Baixas.

Lo demás son pequeñas locuras. "De algunos, de hecho, elaboramos apenas 1.000 botellas", como sucede con sus tintos, "pero me dice el comercial que donde voy con 20 vinos".

Casta hostelera

Como tantas otras familias de la zona del Salnés, los Fariña vivían esa dualidad. "Nuestro abuelo era marino mercante y puso tres bateas en los años cincuenta", indica sobre esos orígenes que aún hoy mantienen. Al mismo tiempo, tenían viñedo… Pero con todo y con eso, a finales de la década de los setenta cambió todo.

"Nuestro padre abre un restaurante en Meaño y empezamos a hacer el vino para servirlo allí", ilustra. Años más tarde, Baldomero pasaría directamente de la EGB a trabajar en las bateas y Robustiano, tras terminar COU y hacer la Selectividad de la época, trabajó un par de años en las rías y entre viñas, decantándose finalmente por la viña, pero la batea sigue ahí: "Nos permite trabajarlas durante tres meses al año".

Vendimia en Meaño.

"Nuestros padres montaron un restaurante donde trabajábamos todos", ilustra, refiriéndose a esos orígenes hosteleros, aunque luego los caminos se bifurcaron. Su hermana se quedó con el restaurante y Robustiano y Baldomero hicieron lo propio con el viñedo y con las bateas.

Autodidacta en la elaboración de vinos, Robustiano se encarga de la enología, mientras que Baldomero está más en la parte de campo. Juntos gestionan este  patrimonio vitivinícola de 28 hectáreas en más de 80 parcelas distintas donde la albariño es la reina, aunque no está sola.

Vino tinto Xión Cuvée 2022. DO Rias Baixas

"Tenemos otras variedades y también un par de hectáreas jóvenes de uvas tintas como la brancellao o la sousón, que pusimos por probar", ilustra. De ellas saca, de hecho, uno de esos vinos de culto por los que la crítica y los gurús aspiran hoy en día, como Attis Brancellao, fino, elegante, mineral y con poco grado.

Es el mercado, amigo

Sin embargo, el motor de la bodega o, siguiendo con el símil, el que tira del carro, es Attis, la referencia sin apellidos. "El 50% se exporta", comenta Robustiano sobre un vino con una gran salida internacional que se bebe en "Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Holanda, Puerto Rico, México…". Un gallego internacional donde los haya.

Baldomero y Robustiano llevan mano a mano esta bodega familiar, ocupándose el primero del campo y el segundo de la elaboración del vino.

"Yo lo sacaría con un año de crianza, pero el mercado manda", explica al servir Attis 2025, un vino punzante y de una acidez refrescante que "puede durar lo que quieras", advierte Fariña.

"Si tu vino de entrada en 2026 es presentar una añada de 2024 quizá ahora no se entienda, pero puede que dentro de cinco o diez años sí", asume sobre los tiempos en los que todavía se pretende servir blancos del año.

A pesar de que Attis, como ahora sintetizan el apellido de Attis Lías Finas que llevaba, "tiene madera, pero muy bien medida, con fudres", indica. 

Ahora, soplando las velas de esas bodas de plata, las preguntas de por dónde seguir son complejas o de, por comparar, qué es más complicado de llevar: ¿la mar o las viñas? La respuesta, como iba a ser evidente, fue un "depende" por parte de Robustiano, pero lo que es igual de evidente es que Attis está en el Olimpo actual del vino gallego. 

Vino blanco Xión 2024. DO Rias Baixas

Mientras tanto, los Fariña siguen en tierra y navegando. Por un lado, haciendo vino. Por el otro, vendiendo las cerca de 300 toneladas de mejillones que salen de sus tres bateas, aunque sobre la otra pregunta necesaria, la que tiene que ver con el futuro, tiene una respuesta igual de gallega: "Son dos mundos que están cambiando mucho".

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