El vino español se despide del enólogo Benjamín Romeo, motor de Rioja desde Bodegas Contador, que fallece a los 61 años

Benjamin Romeo

Jaime de las Heras

Editor Senior

A los 61 años nos ha dejado Benjamín Romeo. Pronto, prontísimo, más aún para un bodeguero infatigable que ha contribuido como pocos a dar lustre a Rioja –y al vino español– en su trayectoria. 

Trabajador incansable, lenguaraz, valiente, enamorado de la viña y del suelo, ajeno a modas y poco amigo de las dobleces, Benjamín Romeo no ha sido solo un enólogo de primer orden mundial. Tampoco solo un bodeguero capaz de conseguir los ansiados 100 puntos Parker. Romeo, desde Bodegas Contador, ha sido una figura indispensable para entender lo que ha sucedido en Rioja en las últimas tres décadas.

Y, decimos, se va pronto, exageradamente pronto, tras pelear con una larga enfermedad a la que, como siempre hizo, miró de frente y dispuesto a luchar. Combativo como pocos, independientemente del terreno, Benjamín Romeo deja un nombre propio inapelable y fundamental desde su San Vicente de la Sonsierra.

Primer bodeguero español en conseguir de manera consecutiva los 100 puntos Parker para su Contador –años 2004 y 2005–, Romeo trascendía más allá de los reconocimientos y los puntuaciones. Carismático, amante de sus vinos y de la buena mesa, tampoco dejaba puntada sin hilo para seguir creciendo y reinvertir, una vez tras otra, para mejorar.

Tesón define como pocas palabras su forma de trabajar y de vivir desde que ya en la década de los noventa, tras salir de Artadi, decidió dar forma a su proyecto propio. En Bodegas Contador, en una diminuta cueva, empezó a gestar sus tintos hasta mudarse, años después, a una renovadísima bodega a las afueras de San Vicente, su San Vicente, que ahora llora la pérdida de un Romeo que deja para el recuerdo referencias icónicas como Contador, Predicador, Alma o La Viña de Andrés, pero cuyos méritos van infinitamente más allá de las botellas.

Entre sus proyectos inconclusos, Romeo deja El Llano de la Madera, una idea faraónica que arrancó en 2014 con la compra de un terreno absolutamente virgen en Rioja Alta, adquiriendo fincas en un lugar donde nunca se había hecho vino, con la idea de combatir el calentamiento global y de poner en marcha una apuesta aún más revolucionaria por el respeto a la naturaleza.

No podrá ser. O no con él, pero el legado permanece y el nombre de Benjamín Romeo entra pronto, aunque merecidamente, en el Olimpo de los grandes enólogos y bodegueros del vino español, despidiéndose así a los 61 años de edad desde Bilbao, su otra casa.

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