Esta estrategia es beneficiosa para cuidar la planta en los meses más fríos y comporta ventajas de toda índole en esta
Durante el otoño, el jardín entra en una fase de reposo y transición. Es el momento en que las plantas reducen su actividad, las temperaturas bajan y el suelo comienza a enfriarse. Para ayudarlas a superar el invierno y prepararse para la siguiente floración, aplicar un abono natural o mantillo es una de las mejores decisiones que se pueden tomar.
Esta capa orgánica actúa como abrigo: protege las raíces del frío, mantiene la humedad y mejora la estructura del terreno. A diferencia de la primavera, donde el objetivo es estimular el crecimiento, en otoño el mantillo funciona como escudo protector.
Regula los cambios bruscos de temperatura, evita que las lluvias intensas compacten el suelo y mantiene los nutrientes disponibles hasta la llegada de la primavera. Es una forma sencilla y natural de cuidar las plantas cuando las jornadas se acortan y el sol calienta menos.
Con nutrientes esenciales
El mantillo puede elaborarse fácilmente con materiales que abundan en esta época: hojas secas, ramas trituradas, recortes de césped y compost maduro. Al mezclarlos y esparcirlos sobre la tierra, se crea una capa que conserva la humedad y favorece la vida microbiana del suelo. Con el paso del tiempo, estos restos se descomponen y liberan nutrientes esenciales que enriquecerán el sustrato.
Además de sus ventajas prácticas, el mantillo también aporta un nada desdeñable valor estético. Cubrir la tierra con una capa uniforme de tonos ocres y marrones crea una imagen cálida y cuidada, perfecta para acompañar la paleta otoñal del jardín. El efecto visual es de orden y armonía, algo que muchos jardineros valoran tanto como la funcionalidad.
La clave está en aplicar una capa de entre cinco y diez centímetros, siempre evitando cubrir directamente los tallos. De este modo, las raíces permanecen aisladas del frío y la humedad se conserva durante más tiempo. También se reduce la aparición de malas hierbas, ya que la luz solar no alcanza las semillas que germinan en la superficie.
Regulador natural
Otro de sus grandes beneficios es que ayuda a ahorrar agua. En otoño, aunque el ambiente sea más húmedo, el viento y las temperaturas frías pueden resecar el suelo si se dan pocas lluvias. El mantillo actúa como un regulador natural que mantiene el nivel de humedad justo para que las plantas no sufran estrés hídrico.
Con el paso de las semanas, el material orgánico se integra en la tierra, alimentando microorganismos beneficiosos como lombrices y bacterias. Este proceso mejora la calidad del suelo, lo airea y lo convierte en un entorno más fértil para la próxima temporada.
El mantillo otoñal es una forma simple y sostenible de cuidar el jardín sin esfuerzo. Aprovecha los recursos naturales del entorno, reduce residuos y prepara las plantas para resistir el invierno con fuerza. Una técnica antigua que sigue siendo, hoy más que nunca, el secreto para mantener un jardín sano, equilibrado y lleno de vida.
Fotos | Pexels
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