El exceso de humedad compacta la tierra y dificulta el crecimiento, pero existen técnicas suaves para airearla.
En invierno, el jardín entra en una especie de pausa engañosa. A simple vista todo parece tranquilo, pero bajo la superficie el suelo sufre. Las lluvias continuas, el menor sol y la falta de actividad biológica hacen que la tierra se compacte más de lo deseable.
Un suelo apelmazado no solo drena peor. También dificulta la entrada de oxígeno y limita el desarrollo de las raíces cuando la planta intenta reactivarse en primavera. Por eso, airear en invierno es una tarea preventiva clave, siempre que se haga con cuidado.
La diferencia está en el cómo. No se trata de cavar ni de remover en profundidad, sino de aliviar la compactación sin romper raíces finas ni alterar el equilibrio del terreno. La delicadeza es más importante que la fuerza.
Horca de mano
La herramienta más adecuada para esta tarea es la horca de mano o una horquilla pequeña. Introducirla de forma vertical y moverla apenas unos centímetros crea pequeños canales de aire que oxigenan el suelo sin cortar raíces principales.
Otra técnica muy efectiva consiste en hacer pequeños agujeros con un palo fino, una varilla o incluso un destornillador largo. Estos orificios facilitan el drenaje del agua y evitan que la humedad se quede estancada en la base de las plantas.
Este método es especialmente útil alrededor de arbustos y plantas sensibles al exceso de agua. No busca remover la tierra, sino abrirla lo justo para que respire mejor durante los meses más húmedos.
Aportar una capa fina de compost maduro o humus de lombriz también ayuda mucho. Estos materiales mejoran la estructura del suelo, aportan nutrientes y estimulan la actividad de microorganismos beneficiosos incluso en invierno.
Ahora bien, es importante no excederse. Remover en exceso o trabajar demasiado profundo puede dañar raíces jóvenes o finas, especialmente en plantas recién plantadas.
Hacerlo en días secos
Elegir bien el momento también marca la diferencia. Airear tras varios días sin lluvia evita que la tierra húmeda se apelmace aún más al manipularla y permite un trabajo más limpio y eficaz.
Con estas técnicas suaves, el suelo recupera esponjosidad poco a poco y se prepara para la primavera. Un gesto discreto, casi invisible, que marca la diferencia cuando el jardín vuelve a activarse.
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