Cómo evitar que se mueran tus plantas aromáticas en invierno aunque haya poca luz y haga frío

Protección frente al frío, riegos moderados y una buena elección del lugar marcan la diferencia

Joana Costa

Editor

El invierno es, donde los haya, un reto para las plantas aromáticas, incluso para aquellas que durante el resto del año parecen crecer sin esfuerzo. Muchas están adaptadas a climas suaves y estables, por lo que el frío, la falta de luz y la humedad excesiva propias de esta estación pueden pasarles factura rápidamente. En pocos días, una planta sana puede empezar a amarillear o perder vigor.

A esto se suma que, en invierno, solemos cambiar las rutinas sin darnos cuenta. Ventilamos menos, encendemos la calefacción y movemos las plantas buscando calor, lo que genera cambios bruscos que las aromáticas no siempre toleran bien. El resultado suele ser el mismo: hojas mustias y plantas que no llegan a la primavera.

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Sin embargo, mantener vivas las hierbas aromáticas en esta época no es imposible, tampoco tarea fácil. Con algunos ajustes y entendiendo cómo reaccionan al frío y a la poca luz, pueden sobrevivir al invierno y volver a crecer con fuerza cuando suban las temperaturas.

Fijarse en la ubicación

El primer paso es elegir bien su ubicación. Las aromáticas necesitan luz para mantenerse activas, así que conviene colocarlas junto a una ventana luminosa, preferiblemente orientada al sur o al este. Aunque la luz invernal sea más débil, recibir varias horas al día marca una gran diferencia.

El riego debe ser muy moderado. En invierno las plantas consumen menos agua y el exceso de humedad es uno de los principales motivos por los que se deterioran. La tierra debe secarse casi por completo entre riegos y siempre es preferible quedarse corto antes que encharcar el sustrato.

Resguardarlas del frío

Protegerlas del frío también es esencial. Las corrientes de aire cerca de ventanas mal aisladas o las bajadas bruscas de temperatura durante la noche pueden dañar hojas y tallos. Si es necesario, conviene moverlas a un punto más resguardado durante las horas más frías.

La albahaca, por ejemplo, es especialmente frágil y sufre mucho en invierno. Lo ideal es mantenerla en interior con abundante luz y lejos de corrientes. El romero o el tomillo son más resistentes, pero aun así agradecen protección y riegos controlados.

Otro gesto útil es realizar una poda ligera. Retirar hojas secas y recortar ligeramente los tallos ayuda a que la planta concentre energía y mantenga un crecimiento más compacto, evitando que se debilite durante los meses fríos.

Con estos cuidados ajustados a la estación, las hierbas aromáticas pueden superar el invierno sin problemas y estar listas para rebrotar con fuerza cuando llegue la primavera.

Fotos | Pexels

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