La parada vegetativa convierte la poda en una intervención segura y muy beneficiosa para la floración
Aunque pueda parecer lo contrario, enero y febrero son meses clave para la poda de muchas plantas, y los rosales y las hortensias son dos de las especies que más se benefician de hacerlo en este momento. Durante el invierno, su actividad se ralentiza al máximo y entran en una fase de reposo que permite intervenir sin causar estrés innecesario.
A diferencia de otras épocas del año, los cortes no interrumpen el crecimiento ni comprometen la floración futura. Esta parada vegetativa convierte la poda en una tarea más segura y también más eficaz.
La estructura de la planta se aprecia mejor sin hojas, lo que facilita identificar ramas viejas, dañadas o mal orientadas. Además, al no estar en pleno crecimiento, la planta dirige su energía a cicatrizar correctamente los cortes.
Por eso, muchos jardineros y expertos recomiendan enero como el momento ideal para poner a punto rosales y hortensias. Una poda bien hecha ahora no solo ordena la planta, sino que sienta las bases para una floración más abundante y equilibrada cuando llegue la primavera.
En el caso de los rosales, la poda invernal es fundamental para rejuvenecer la planta. Eliminar ramas secas, débiles o enfermas permite que los tallos sanos reciban más luz y aire. Un rosal bien aireado reduce el riesgo de plagas y produce flores de mayor tamaño y mejor calidad.
Dar forma
También es el momento adecuado para dar forma al arbusto. Recortar los tallos más largos y eliminar ramas que crecen hacia el interior ayuda a mantener una estructura abierta y equilibrada. Este tipo de poda favorece una brotación más vigorosa en primavera.
Las hortensias requieren un enfoque algo más cuidadoso. No todas se podan igual, pero enero permite observar con claridad dónde están las yemas que darán flores meses después. Identificar las ramas viejas o dañadas resulta más sencillo cuando la planta está desnuda.
En muchas variedades, conviene limitarse a retirar flores secas y tallos envejecidos, respetando las ramas jóvenes. Podar demasiado tarde o de forma incorrecta puede afectar directamente a la floración, por lo que hacerlo en pleno invierno reduce ese riesgo.
Efecto preventivo
La poda en enero también tiene un efecto preventivo frente a enfermedades. El frío actúa como barrera natural contra hongos y plagas, y las heridas cicatrizan mejor en un ambiente seco y estable. Aun así, es importante trabajar con herramientas bien afiladas y desinfectadas.
En este caso, los cortes deben realizarse limpios y en ligero ángulo, evitando que el agua se acumule sobre la herida. Retirar ramas cruzadas, débiles o mal orientadas mejora la circulación del aire y fortalece la planta de cara a la siguiente temporada.
Otra ventaja de la poda invernal es que los restos pueden aprovecharse. En el caso de los rosales, muchos tallos cortados son aptos para obtener esquejes, una forma sencilla de multiplicar la planta sin coste adicional.
Una poda realizada en enero no es solo una tarea de mantenimiento: es una inversión a medio plazo. De ella depende en gran medida la salud, la forma y la calidad de la floración que rosales y hortensias ofrecerán cuando llegue la primavera.
Fotos | Pexels
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