La filosofía del paisajismo contemporáneo que prioriza ecosistemas duraderos y cuidados mínimos
Hay conceptos que se repiten en jardinería pero no siempre se entienden, y el de jardín sostenible es uno de ellos. En manos de expertos como el paisajista Javier Coves, adquiere un significado mucho más profundo que simplemente ahorrar agua o estar en sintonía con el clima.
En este caso, habla de crear espacios que se integran con el terreno, aceptan el paso del tiempo y requieren menos intervención humana de la que hemos asumido durante décadas.
En sus proyectos, la exuberancia no depende de plantas caprichosas ni de riegos constantes. Según explica en una entrevista a Arquitectura y Diseño, la clave está en elegir especies que conviven de forma natural con el clima y el suelo, y que encuentran su equilibrio sin pedir favores.
Un jardín cambiante
Según defiende, esto convierte al jardín en un ecosistema que respira a su ritmo, cambia de aspecto durante el año y demuestra que la estética no siempre necesita opulencia para ser potente.
Este enfoque choca con la costumbre de domar el jardín a base de podas, céspedes imposibles y plantas que viven más estresadas que bonitas. En realidad, la sostenibilidad auténtica empieza cuando se abandona la obsesión por controlar cada brote. Un jardín que funciona casi solo no es un jardín dejado, sino uno bien planteado desde el principio.
Crecimiento en libertad
La gracia de este modelo está en su capacidad para enseñar. Al dejar que las plantas crezcan con cierta libertad, pero dentro de una estructura pensada, aparece esa belleza austera de la que habla Coves, una estética que se aleja de la rigidez y se acerca más a la naturaleza real.
Las formas se suavizan, los colores se intensifican según la estación y los pequeños cambios se convierten en parte del atractivo. Además, este tipo de jardines reduce gastos y mantenimiento.
Espacios más sostenibles
Menos riego, menos productos químicos y menos mano de obra significan espacios más sostenibles también a nivel económico. Las especies de bajo consumo hídrico, los suelos bien trabajados y las zonas de sombra estratégicas crean ambientes frescos incluso en climas duros.
El paisajista insiste en que la sostenibilidad no está reñida con la sofisticación. Al contrario: elegir pocas especies, pero bien combinadas, crea jardines más coherentes, más serenos y más duraderos. Son lugares que no exigen un calendario estricto de cuidados, sino una observación atenta y decisiones puntuales.
Su mensaje se resume en una idea que muchos aficionados están empezando a adoptar: un jardín sostenible no es un jardín pobre, sino uno más inteligente. Su belleza no surge de la acumulación, sino del equilibrio. Y cuando ese equilibrio se consigue, el jardín se convierte en un espacio que acompaña, sorprende y evoluciona sin imponer.
Foto | @javiercovespaisajismo / Pexels
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