Si tu aloe vera se está poniendo marrón, no significa que se esté muriendo: este experto explica qué está pasando

Plantillas Joana Costa Periodista 6

Un experto explica cómo interpretar el color y el aspecto de sus hojas y recomienda encontrar un equilibrio entre sol, sombra y riego

Joana Costa

Editor

El aloe vera tiene fama de resistente y, probablemente por eso, tendemos a pensar que puede quedarse prácticamente abandonado en cualquier rincón soleado, literalmente torrándose.

 Sin embargo, sus hojas funcionan como pequeñas señales de alarma. El experto en plantas de Donde la vida echa raíz explica que un cambio de color inesperado puede estar indicando desde demasiado sol hasta problemas con el riego. 

Cuidado con las tonalidades marrones

Una de las situaciones que aborda es bastante habitual: ese aloe que compramos verde en el vivero y, pasado un tiempo en casa, empieza a adquirir tonalidades marrones. Según el experto, una de las causas puede ser el exceso solar. Aunque esta especie tolera el sol, mantenerla durante demasiado tiempo completamente expuesta puede terminar provocando ese cambio de color.

La solución que propone es bastante sencilla. Si el aloe está muy marrón después de haber permanecido expuesto al sol, aconseja trasladarlo durante unos días, incluso alrededor de una semana, a un lugar con algo sombra, y hacerlo después  de forma definitiva. 

Ojo si se alargan las ojas

Pero tampoco conviene interpretar esto como una invitación a esconder el aloe en el rincón más oscuro de casa. Según explica el creador, unas hojas excesivamente alargadas pueden indicar precisamente falta solar

Su recomendación es encontrar un emplazamiento donde reciba sol durante las primeras horas de la mañana o al final de la tarde y disponga de sombra durante buena parte del día, o al menos no el sol directo.

Planta arrugada

Las hojas también pueden dar pistas sobre el agua. Cuando comienzan a verse arrugadas, el experto apunta a una posible falta hídrica. Además, señala que determinados daños de las hojas pueden relacionarse con el frío intenso o, sencillamente, con el proceso natural de envejecimiento de la planta.

No olvidarse del riego

En el extremo contrario está el exceso de riego. El creador explica que cuando el aloe adquiere un aspecto demasiado blando, gelatinoso o acuoso puede estar recibiendo demasiada agua. Y aquí está una de las claves para cuidarlo: que sea una suculenta resistente no significa que podamos olvidarnos completamente del riego, pero tampoco necesita vivir con el sustrato constantemente mojado.

Para saber cuándo toca volver a regar, propone un método bastante menos sofisticado que cualquier medidor de humedad: utilizar el dedo. Hay que introducirlo en la tierra y comprobar cómo sale. Si está limpio y el sustrato se encuentra completamente seco, considera que es momento de aportar agua; si quedan restos de tierra húmeda adheridos, recomienda esperar.

El experto llega a plantear un riego aproximadamente cada tres días como orientación para sus condiciones, aunque la comprobación del sustrato resulta especialmente útil porque evita convertir una frecuencia concreta en una norma inamovible. 

La propia planta y la tierra seca ofrecen una referencia más directa para decidir cuándo volver a coger la regadera. El consejo final es observar antes de actuar. Marrón no siempre significa falta de agua, unas hojas largas pueden estar pidiendo más luz y una textura excesivamente gelatinosa puede advertir justamente de lo contrario de lo que imaginábamos. 

El aloe saludable, según las pautas del experto, necesita encontrar ese término medio entre luz suficiente, periodos de sombra y un riego que no termine empapando continuamente sus raíces.

Fotos | Magda Ehlers

En DAP | Así tienes que cortar la lavanda para mantener su aroma, color y que la planta dure más años

En DAP | Cuatro plantas medicinales imprescindibles en tu jardín


Ver todos los comentarios en https://www.directoalpaladar.com

VER Comentarios